Aprendiendo

Te voy a confesar una cosa. Cuando el pasado 14 de Enero llegó el médico del hospital a la habitación diez minutos después de haberle dado de alta y me dijo que no le iba a dar el alta, reconozco que no sentí tristeza. No, reconozco que sentí rabia. Había mandado un Whastapp a mi marido y al grupo de mis padres y hermanos diciendo: “¡Hola! Acaba de pasar el médico y le dan el alta. ¡¡¡¡Bieeenn!!!” y, diez minutos después, mandé este otro mensaje: “Jolines, acaba de venir el médico. Dice que ya saben el bichito que le atacó. Le tienen que poner otro antibiótico, por vía oral. Y se tiene que quedar un día más. ¡Qué pena!”. Mis hermana Ana me contestó: “Vaya… pero saben qué es!! Y eso es bueno!!!” y mi hermana Begoña me felicito: “Eso es lo mejor!!, saber lo que es. Enhorabuena! J J”. Mi hermano Jesús me dijo: “Vaya, no sé si decir que bien o mal. Mucho ánimo en cualquier caso.” Y luego, en el blog, muchos amigos me dijeron “Ánimo, venga, que en el hospital es donde mejor está. Venga, que sólo es un día”. Mi parte consciente, sabía que era verdad, no que fuera lo mejor, pero sí que era un día más. Pero en mi interior yo sentía la rabia. Nos descolocaba totalmente, no sólo a nivel de que Alex no estaba bien del todo, sino también a nivel de infraestructura. Al día siguiente yo tenía que ir a Zaragoza y Ángel se tenía que pedir el día libre en el trabajo y ¿Juan Pablo?, ¿quién se encargaba de Juan Pablo? (menos mal que tenemos unos amigos generosos que se lo llevaron a casa, ¡gracias Ana y Juan!)

Y a mis hermanas les contesté: “Lo siento, esa actitud positiva que me estáis intentando transmitir no me convence. Y no soy negativa. Simplemente pongo en la balanza todos los aspectos”. Y cuando muchos amigos me decían Animo, yo sentía por dentro esa rabia.

Y no me gusta nada sentir esa emoción. Así que me puse a explorar en mi interior el qué me estaba pasando para dar lugar a esa emoción y dejar que “mandase” sobre mí. Tardé muchas horas, hasta por la tarde no me di cuenta.

Por la tarde me di cuenta que no estaba confiando en Dios. Si yo creo firmemente que Dios me ama con locura (¡¡y lo creo!!), si yo creo firmemente que Dios cuida hasta mi último pelo de mi cabeza (¡¡y lo creo!!), tuve que confesarme a mi misma que en esos momentos no estaba siendo coherente con mis creencias más firmes. No estaba confiando en Él. Y cuando me di cuenta, me puse en mi interior ante Él y le dije: “perdóname, no me he creído que Tú me quieres como a las niñas de tus ojos (Deuteronomio 32, 10), no he confiado en Ti”. Y en ese momento mi rabia desapareció y volví a sonreír, y volví a esperar… desde otro lugar totalmente diferente.

¿Sabes? Estoy aprendiendo a confiar en Dios. Y caigo con frecuencia. Pero estoy aprendiendo. Porque estoy convencida de que Dios me está cuidando con todo su Amor. Ese día recordé un texto que hace muchos años me mandó mi amiga Sara Ferreras:

Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y le preguntaba que estaba haciendo. Ella me respondía que estaba bordando.
Observaba el trabajo de mi mamá desde una posición más baja que donde estaba sentada ella, así que siempre me quejaba diciéndole que desde mi punto de vista lo que estaba haciendo me parecía muy confuso.
Ella me sonría, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: “Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde mi posición”.
Me preguntaba por que usaba algunos hilos de colores oscuros y por qué me parecían tan desordenados desde donde yo estaba. Unos minutos más tarde escuchaba la voz de mi mamá diciéndome: “Hijo, ven y siéntate en mi regazo.”
Yo lo hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo se veía tan confuso.
Entonces mi mamá me decía: “Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba. Había un diseño, sólo lo estaba siguiendo. Ahora míralo desde mi posición y sabrás lo que estaba haciendo.”
Muchas veces a lo largo de los años he mirado al cielo y he dicho: “Padre, ¿qué estás haciendo? Él responde: “Estoy bordando tu vida”. Entonces yo le replico: “Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen tan oscuros, ¿porqué no son más brillantes?”. Y Dios parece decirme: “Mi niño, ocúpate de tu trabajo… que yo estoy haciendo el mío. Un día te traeré al cielo y te pondré sobre mi regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces entenderás…

 

Gracias a mis hermanos por darme ánimos, especialmente a Begoña por transmitirme la alegría de sentirme cuidada por Papa Dios.
Gracias a todos mis amigos que me transmitíais vuestros ánimos.
¡Gracias de corazón!

 

¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo!

10 Comments
    • Anónimo
    • 21 enero, 2016
    Responder

    Envidiable tu fe!!!! Un abrazo

    Gloria C.

    • Anónimo
    • 21 enero, 2016
    Responder

    Que buenas letras. Para reflexionarlas, y mucho.

    Me las guardo Elida.

    Me vienen como caídas del cielo en estos momentos…

    Silvia B.

    • Anónimo
    • 21 enero, 2016
    Responder

    Ufff, que confianza, la envidio…

    Pilar dF.S.

    • Anónimo
    • 21 enero, 2016
    Responder

    Somos hijas, siempre hijas. Nuestro único titulo válido a la hora de la verdad: hijas de Dios; por tanto mimadas, cuidadas, amadas en todo momento.

    Con un Padre con todo poder, que con una sola palabra todo lo puede!

    Y seguras de que :"TODO es para bien de los que aman a Dios"

    Si Él con nosotras, ¿quién contra nosotras? No es fácil o entendible siempre…pero, ¡SABEMOS DE QUIÉN NOS HEMOS FIADO, DEL ÚNICO QUE NUNCA FALLA!

    Besos, hermanita! Y mucho ánimo!!

    Begoña P.

    • Anónimo
    • 22 enero, 2016
    Responder

    Admirable

    M Isabel J.

    • Anónimo
    • 21 enero, 2017
    Responder

    GRACIAS A TI elida. Es muy bonito leerte.

    Susana G.

    • Anónimo
    • 21 enero, 2017
    Responder

    Gracias Elida x recordarme de nuevo este profundo mensaje. Lo leí en su día pero x el camino olvidé muchas veces CONFIAR.

    Estos días lo estoy teniendo muy presente y me emociona hasta el punto de llorar que me lo hayas recordado.

    Un abrazo y gracias a ti tb x CONFIAR.

    Cristina M.

  1. ¡Gracias Susana!

  2. CONFIAR. Es una palabra corta, pero de largo recorrido, Cristina. Y es algo que tenemos que renovar constantemente. De lo contrario el día a día, y las cosas que nos pasan, harán que en el camino la olvidemos.

    Me alegro de recordártelo, amiga.

    • Anónimo
    • 28 enero, 2017
    Responder

    Muchas gracias por tu reflexión. Me van a ayudar mucho en este justo momento. Un fuerte abrazo.

    Isabel H.

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