Llevo varios días dándole vueltas a un tema. Cuando paseo por la calle, me gusta observar los rostros de las personas con las que me cruzo. A veces incluso, al ir al lado de ellas, se escuchan retazos de la conversación que estén manteniendo. No es suficiente para saber qué hablan, aunque sí que escuchas algunas cosas. También, al pasear o al esperar en los sitios (la cola del banco, por ejemplo), me fijo en los cuerpos, las posturas, lo que transmiten. Observo rostros, me fijo en los cuerpos, escucho fragmentos de conversación…
Y llevo varios días dando vueltas a una cosa: he detectado que hay, básicamente, dos grandes tipos de personas. Las que están satisfechas de su vida y las que no. “¡¡Vaya cosa!! – dirás- eso se ha sabido de toda la vida“. Sí, estoy de acuerdo. Esa división ha existido siempre. Pero voy a explicar lo que me está haciendo pensar estos días. Creo que lo que diferencia a las personas que están satisfechas de las que no, estriba no tanto en si la vida les va bien, o si tienen motivo para ser felices o no. O en si tienen problemas o no los tienen. No, no está en eso la diferencia. Creo que la diferencia estriba en que las personas que están satisfechas simplemente tienen la sensación de que están controlando su vida. Que están haciendo cosas por dirigirla, por controlarla, por llevarla hacia donde ellos quieren. De forma proactiva, sacando lo mejor de ellos mismos, abordando el día a día desde sus valores o, por lo menos, desde el cómo quieren vivir.
Veo rostros que me transmiten personas que se han abandonado, que están cansados de luchar, que han decidido dejarse llevar y han tirado la toalla. Y veo, en cambio, rostros que transmiten fuerza, energía, empuje. Si te fijas, podrás observarlo tú también. Y ambos tipos de personas tienen problemas, ¡¡todo el mundo los tiene!! (te invito a leer mi post de “Los tres pelos del hombre feliz“). Pero hay personas que transmiten en su rostro, en su cuerpo, en su postura, en su actitud, en todo su ser, la determinación de “sigo caminando, busco superarme, busco crecer en las dificultades, busco dar lo mejor de mí“.
Los puedes reconocer por sus caras luminosas, por sus sonrisas, por sus miradas limpias y fuertes, por sus hombros en alto.
Y los podrás reconocer porque cuando te crucen con ellos… tendrás la sensación de que la vida es más ancha y plena. Te transmitirán esa alegría y esa fuerza… y seguirás tu camino con ganas de aspirar a más. Son personas que estiran el mundo. Benditas sean.
Una pregunta: ¿qué tipo de persona crees que eres tú? J
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