Mañana vuelvo a Zaragoza para el curso de “Experto Superior en Coaching Profesional” que dirijo. Es una gozada volver a pasar dos días con los alumnos, y ver cómo van creciendo. Ya estamos en el Octavo Módulo, ¡¡madre mía!! Estamos llegando a la recta final del curso, y les veo más centrados(es decir, en su centro), más responsables (es decir, sabiendo que la responsabilidad de su vida es suya, y solo suya) J y les veo más preparados para ejercer la apasionante profesión a la que yo me dedico, el Coaching.
Este módulo para mí, es un verdadero privilegio. Siempre te digo que este curso cuento con los mejores profesores. Leo Ravier, Pedro Zuazo, Miriam Bieger, Pedro Ferreras. Son buenísimos, como coach y, lo que es más importante para mí, como personas. Y este módulo viene Sara Ferreras. Un verdadero privilegio. Porque si los demás son buenísimos (y lo son), Sara es la mejor. Para mí es mi Maestra y es mi Amiga. Dos sustantivos que tienen que ir juntos para brillar más. Y Sara es ambas. Una Maestra por sus palabras, por sus hechos, por sus consejos, por su crecimiento personal con el que tanto me enseña. Y una Amiga, que se preocupa por mí, que comparte sus miedos, sus fortalezas, sus risas, sus tristezas.
Recuerdo cuando me dio el ictus. Era un 25 de Abril. A los dos días, cuando me sacaron de la UCI, allá estaba Sara con Alejandro (su marido) en la habitación para darme un beso. Al mes siguiente, ella cogió la dirección del curso de Coaching, ¡¡porque yo aún no sabía hablar!! Recuerdo perfectamente una conversación por teléfono que tuve con ella, para resolver unas dudas que tenía. ¡Qué horror! Las palabras no me salían. Yo estaba frustrada, desanimada, pensando que no iba a conseguir nunca hablar bien. Pero Sara mantenía su sonrisa, tenía paciencia, decía lo que había entendido de lo que yo le estaba intentando transmitir. Nunca lo olvidaré. ¡Ese día su amistad gano muchos puntos para mí! A los 15 días, la vi en un acto. Yo siempre he tenido una memoria muy buena. Nunca se me olvidaban las cosas. Pero desde el ictus, mi memoria falla bastante. Cuando se acerco, me dice, con una sonrisa de oreja a oreja: “Hola guapa, ¡es mi cumpleaños y vengo para que me felicites!”. Se me había olvidado. Y con su sonrisa me transmitió un “tranquila, no pasa nada, te recuperaras”. Bueno, podría seguir contando muchas cosas acerca de Sara, pero me las guardo por no hacer un post enorme.
Gracias a Sara conocí el Coaching. Gracias a ella me fascinó.
Así que, si, este finde voy a disfrutar de lo lindo. Porque no todos los cursos de Coaching tienen el privilegio de contar con profesores como Sara.
¡¡Gracias, amiga!!
Deja un comentario cancel
.jpg)