El día 19 de Febrero, escribí un post aquí que se tituló “Corazones con heridas”. En él te contaba un problema que tenía con una amiga y cómo, de vez en cuando, las relaciones humanas me parecen montañas enormes que me cuesta subir. Y también te decía que, cuando hice el Camino de Santiago, constaté que había veces que era incapaz de seguir adelante cuando miraba lo lejos que quedaba la meta. Comenté: “Y el Camino, de vez en cuando, nos presenta una montaña, que es muy difícil de subir, que notas que no tienes fuerzas. Y yo ahora mismo estoy sentada en una piedra, sin fuerzas para subir. Esta montaña de las relaciones humanas, a veces, me resulta super difícil de subir”. Y terminaba diciendo: “Y al mismo tiempo, estoy esperanzada. […] Hoy estoy triste. Pero esta tarde, o mañana, o dentro de una semana, miraré mis pies, miraré unos metros por delante, y comenzaré a avanzar por el sendero de la amistad. Más humilde, más pequeña, más niña. Aceptando que los seres humanos somos corazones con heridas. Pero corazones. Con todo lo grande que implica ser CORAZÓN.”
Hoy un amigo me ha enviado un correo, preguntándome qué tal estaba mi corazón con heridas. Y me ha mandado una parábola, basada en una que escribió Arthur Schopenhauer, que quiero compartir contigo:
¡Gracias, amigo! Esta parábola encierra una gran verdad. Cuando tomamos la ELECCIÓN de convivir con los demás, sus/nuestras espinas nos causan heridas. Y cuanto más próxima es la relación, más heridas nos puede causar. Pero sería un error decidir separarnos, ir cada uno por nuestro lado. Porque, a pesar de las heridas, el calor del otro me permite VIVIR. A pesar de las heridas que mis espinas causen en el otro, mi calor le permite VIVIR.
Durante muchos años intenté ser perfecta, incluso en las relaciones humanas. Hace tiempo, por fin, comprendí que la perfección no existe, ¡¡y menos aún cuando hablamos de relaciones personales!! La mejor relación no es aquella que une personas perfectas, sino aquella donde cada uno aprende a convivir con los defectos del otro, y admirar sus cualidades. Ahí está la clave, en mi opinión, en mirar más allá de las heridas, de los defectos, de las espinas, y ver sus cualidades, sus fortalezas, lo mucho que nos da el otro.
Muchas gracias, amigo por cuidarme.
Como dije en mi post de Corazones, en este blog quiero ser compañera de Camino a otros caminantes. Atrévete a seguir subiendo la montaña, a pesar de tus heridas, a pesar de las heridas que tú, inevitablemente, vas a generar en el otro. Porque cuando llegues a la cumbre, miraras al horizonte y tu alma se expandirá.
Especialmente si es tu esposo o tu esposa, tu compañero de camino. Creo que, si somos honestos con nosotros mismos, normalmente estamos más pendiente de ver sus defectos, para decírselos y para que cambie. Ojala y nos demos cuenta, tu y yo, de que es mucho mejor ver sus virtudes, las muchas cosas que hace francamente bien. Así nuestro calor triunfaría frente a nuestras heridas.
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¡Me gustan tus reflexiones!
Gracias por compartirlas
Carmen G.C.
¡¡Gracias a ti, Carmen C.G. por leerlas!!
🙂
Élida
Precioso.
Raquel
Gracias por compartir tan hermosa reflexion…
Me ha encantado y con tu autorización la quiero compartirla
Muchas gracias, Adriana R.R
Super real, super practico…
gracias y a intentar ponerlo en práctica
Cristina P.H.
Adriana, gracias a ti por compartir tu criterio. Besos
Aysss!! Cristina P.H., ahi está la clave, en intentar ponerlo en práctica!!
Jjeejeje, porque habrá veces que nuestras heridas nos sienten en la piedra, impidiéndonos seguir en la escalada.
Pero lo grande del ser Humano es que, tras recuperar Fuerzas, vuelve con más fuerzas aún para seguir avanzando!
Besos!!