Las navidades ya se acercan. Se ve, se huele, se siente en el ambiente. Últimamente todo nos predispone a ello. Y en la mayoría de las personas, por lo menos en lo que transmiten, hay ganas de que lleguen.
Me resulta curioso, todos los años lo pienso. Es cierto que las Navidades son unas fiestas entrañables. No sólo por lo que representan: en su origen cristiano son, nada más y nada menos, que Dios que se hace niño para dejarse abrazar (¡¡¡¡ !!!). No sólo por lo que representan, sino también por lo cultural: momentos de reunión en familia, de comidas, canciones ante el belén, de regalos hechos con amor; momentos de quedar con amigos, algunos de ellos a los que hace tiempo que no ves; momentos de recordar a todos los que llevas en el corazón (siempre me ha encantado la magia de escribir y recibir postales de Navidad, confieso que mucho más las físicas, las que recibes en un sobre… en eso es en lo único en lo que no estoy enamorada de internet). Sí, las Navidades son unas fiestas entrañables.
Y les decía que me resulta curioso. Porque esas mismas fiestas entrañables que todos estamos deseando que lleguen, luego resultan ser, para muchos, momentos de tensión, de discusiones (que si por la cena, que si por lo que tú has ayudado en los preparativos, que si por los regalos, etc.). Fiestas entrañables que al final se convierten en momentos tensos en los que nos gustaría no participar.
Curiosa capacidad que tenemos a veces los humanos: convertir algo bello, esperanzador y entrañable, en algo tenso, motivo de discusión y de sacar el egoismo de cada uno.
Por eso, estas Navidades me he propuesto ir con el corazón de niño. Ir con el corazón de entrega, de amor, de ternura… ¿por qué no? de perdón y pasar por alto detalles. Ir con el corazón de “actitud bajo riesgo” (les remito a mi post de Noviembre : “Ufff, ¿Cómo lo hago?”), para aprovechar cada pequeño momento para trabajarme mis valores, ponerlos en marcha, con actitud proactiva y ….dando lo mejor de mi misma (sin esperar que el otro también lo haga).
Me lo he propuesto. Espero poner todo mi empeño en conseguirlo. Porque no hay nada como la satisfacción de poder pensar: “Yo he sido la persona que quiero ser, con los valores que quiero vivir y tratando a los demás, y a mi misma, como quiero hacerlo“. Me lo he propuesto, porque busco mi felicidad y mi satisfacción personal. Porque siendo LA MEJOR VERSIÓN DE MI MISMA es como más feliz soy y más felices hago a los demás.
Me lo he propuesto. Y le lanzo la invitación: ¿quiere ser Ud. estas Navidades la MEJOR VERSIÓN DE Ud. MISMO?
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Echamos de menos tus reflexiones Élida, ánimo con tus proyectos y seguimos esperandote.
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO 2010