Hay ciudades con alma.
No sé si es correcta esa expresión, seguro que no lo es. Si entendemos el alma como lo que nos unifica como individuo y nos “lanza” a actividades que van más allá de lo material; si entendemos el alma como lo que consigue que el hombre sea capaz de instintos, sentimientos, emociones, pensamientos y decisiones libres, así como de volver sobre sí mismo (auto conciencia); si entendemos el alma lo que nos “lanza” a la relación con Dios, seguro que no tienen alma las ciudades.
Sin embargo, tengo la sensación de que las ciudades tienen algo de alma.
Hoy he ido a Atención Temprana para llevar los papeles para el cole de Alex. Está en un barrio que está en el extremo opuesto del mío. Normalmente, en mi día a día, no voy por allí, ni por otros barrios de mi ciudad. Pero hoy, con el coche, he atravesado muchos de esos barrios. He pasado por el barrio en el que una de mis hermanas tenía su piso, donde nacieron mis sobrinos, hace 18 años. He pasado por el barrio donde estuvo nuestro hogar cuando nos casamos. He pasado por el parque donde durante un tiempo Ángel y yo salíamos a correr. He pasado por el barrio donde vivía mi mejor amiga de la universidad, Montse. He pasado por el barrio donde estaba (y sigue estando) la tienda de artículos para el coche donde me dio el ictus y donde vino la ambulancia con Concha Gómez Vilanova. He pasado por el barrio donde estaba el bar donde quedé con Sara Ferreras y le comenté mis ideas del curso de Coaching que iba a presentar en Zaragoza (hace más de siete años) y Sara me aportó unas ideas que enriquecieron mucho más el curso. He pasado por la calle por la vivía un amigo, Mario, de la panda de jóvenes. Y por fin, he llegado a mi barrio.
Ojo, no pienses que he pasado por la parte bonita de la ciudad, la que todos los turistas visitan boquiabiertos. No. He pasado por barrios normales, de grandes torres de edificios.
Por cada una de esas calles, he recordado muchas cosas, cosas bonitas todas, que me han traído una sonrisa a mi corazón y a mi boca. Multitud de pensamientos, unidos a emociones, me han surgido en ese trayecto. De repente, mi memoria, me ha traído momentos, situaciones, sensaciones, que entre otras cosas, hacen que yo sea quien soy ahora mismo. Yo no sería la persona que soy ahora, no sería Élida Peñalver, sin todos esos momentos.
No sé si las ciudades tienen alma o no. Si creo que las ciudades nos ayudan a conectar con nuestra alma, con nuestras emociones, con nuestra memoria, con nuestro pasado. Y es bueno mirarlo con agradecimiento y con sonrisa. Porque esa es la única manera de vivir el HOY y estar dispuestos al futuro.
Y tú, ¿cuánto hace que no paseas por tu ciudad?
¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo!
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Me gusta mucho la foto. La flor mira al futuro y está llena de pétalos a modo de opciones que tiene para actuar. Sencilla como deseo que sea mi vida. Inma M.
Que bonito lo que has Escrito .
Mi imaginación ha viajado contigo por cada lugar que has descrito y mi alma a sentido los momentos que has descrito .
Para mí todo tiene alma . Cada lugar tiene una porción del alma de los que pasaron , construyeron sus casas.
El alma es lo que nos unifica , lo que hace que todos seamos uno , es el yo soy Tú. El alma es lo que nos aglutina en ese cuerpo místico del que habla la religión
No se nada , tan solo me han salido estas palabras del alma
Marisa R.R.