Me gustaría que lo primero de todo veas el video de la entrevista (que puedes leer aquí) que ha publicado el periódico el mundo a Andrés Aberasturi. Es un periodista español al que admiro muchísimo. Es una persona tan equilibrada que me encanta. El video lo puedes ver en este enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=41y1teBpjL0
Me parece tanta ternura la que inspira Andrés Aberasturi. Cuando dice:“¿Cuántas veces has tenido sed y no lo he sabido? ¿Cuántas noches has sentido frío y no he estado para arroparte? ¿Cuántas veces te ha dolido la cabeza sin que yo lo supiera? (…) Nunca has llorado, Cris, nunca, y cuántas veces he necesitado ese llanto tuyo, ese caudal de lágrimas y penas para acercarte a mi pecho y apalomarte”, me parece tan duro y tan tierno al mismo tiempo.
Por ese motivo, no entraré a juzgarle bajo ningún concepto. Primero por mi admiración hacia él y segundo (y principal) porque él habla de su experiencia personal.
Me llama mucho la atención cuando, en el video, dice: “Una especie de grito callado, de grito suave, diciendo ¿por qué?, de preguntarte por qué, que son las grandes preguntas, ¿por qué no nos podemos comunicar?, ¿Por qué la inocencia tiene que sufrir? […] Es un grito tranquilo, preguntándome la incoherencia de este mundo donde nunca hay respuestas para tantas preguntas, sobre todo las preguntas de los inocentes y nadie tiene una respuesta. ¿Por qué ocurre esto? y contra eso te rebelas y escribes sin odio, pero con desasosiego. […] Por mucho que la ames, y por mucho que la quieras, y por mucho que convivas con ella si te preguntas seriamente ¿Por qué? La respuesta sigue sin existir”. Estoy totalmente de acuerdo con él en lo de “si te preguntas seriamente ¿Por qué? La respuesta sigue sin existir”. La pregunta ¿por qué? es bastante descorazonadora. Y al final, sus respuestas (o la ausencia de ellas) te lleva al desasosiego.
Hace unos días, colgué en el muro de Facebook esa entrevista. Una amiga mía, Asunción, que tiene una hija con otra enfermedad, puso un comentario precioso: “Desde mi propia experiencia con mi hija Paula he aprendido que la pregunta correcta no es el “¿Por qué?” sino el “¿Para qué?” Esta última es una gran pregunta. Efectivamente a la primera pregunta nunca le vamos a encontrar respuestas, o al menos nunca respuestas que nos hagan bien…a la segunda os puedo asegurar que yo le encuentro todos los días varias respuestas que me hacen bien”. ¡¡Estoy totalmente de acuerdo con ella!! Por eso me entristece que Andrés Aberasturi se esté centrando en el POR QUÉ.
De hecho, hace muchos años, en el 2013 escribí en el blog un artículo, titulado “¿Qué te preguntas?”. Mi fisio me hizo un comentario cuando estaba recuperándome del ictus que era: “Además estaría todo el rato preguntándome el por qué. ¿Por qué me ha pasado esto a mí?, ¿por qué a mí y no a otro?” Y me preguntó una cosa que me llamo la atención: “¿tú no te lo has preguntado muchas veces?”. Yo le contesté algo que a día de hoy sigo pensando. “Nunca. Nunca me lo he preguntado. Porque sé que es una pregunta que lleva a malas respuestas. Porque me lleva a justificaciones, o a la culpa (mía o de otros), y sobre todo, porque me lleva a ponerme triste o con rabia. Y no quiero sentirme así. Así que para conseguirlo, no me hago esa pregunta. Yo he preferido desde el principio el preguntarme el PARA QUÉ. Porque esa me lleva a futuro, porque me lleva a algo que puedo aprender, algo que puedo sacar de esta situación. Y es mucho más potente”.
Al final las preguntas que nos hagamos traerán con ellas un tipo de respuestas u otro. Si la pregunta está mal formulada, la respuesta será peor. Si la pregunta está bien formulada, la respuesta será mucho mejor. Y depende de nosotros mismos.
Y según sea nuestra pregunta, las respuestas nos llevarán a un estado emocional u otro. El Por Qué te lleva a un estado emocional y el Para Qué te lleva a otro diferente. Y tu estado emocional llevará asociada una ACTITUD diferente en cada caso. Y la actitud llevará de la mano tus comportamientos del día a día. Y al final esa actitud te hará ser de una manera o de otra.
Por eso, si me leyeses, Andrés Aberasturi, te diría, con toda humidad y desde mi admiración a ti, pregúntate el PARA QUÉ de la vida de Cris, el PARA QUÉ de su/tu experiencia. Es más grande que la ausencia de respuestas del por qué.
Y tú, amigo lector, independientemente de lo que estés viviendo en este momento, algo que te esté costando asumir, aceptar, o vivir, siéntate y piensa, con total sinceridad, ¿qué me pregunto normalmente? Porque de la calidad de tus preguntas, vendrá la calidad (y la calidez) de tus respuestas.
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"¿Para qué ? "Es la pregunta mágica, la que te lleva hacia delante y la que te responsabiliza a ti directamente. Cuando eres consciente de la diferencia de preguntarse por qué y para qué, todo cambia."
Gracias, Élida
Maite M.A.
Pues, sí, Maite, el PARA QUÉ es un pregunta totalmente diferente. Te lleva a mirar hacia delante y a asumir tu responsabilidad.
Y así,… ¡¡todo cambia!!
Besos,
Aterrizé por casualidad gracias a sr.conejo Alicia pais maravillas BAILEMOS , agradable sorpresa ver bonito nombre ELIDA ,mi madre se llamaba asi , nunca pudo celebrar ni saber procedencia , acabo leyendo escritos , interesante , ire pasando por aqui