Ayer fue el Festival Fin de Curso de mi hijo mayor, Juan Pablo. Iban disfrazados del Parchís: unos de ficha Roja, otros de ficha Amarilla, Verde, Azul y otros de Dado. Y cantaron/bailaron dos canciones, una en español y la otra en inglés. ¡¡Qué bien lo hicieron!! Cada uno fue un poco a su bola, pero seguían más o menos el mismo paso. Los niños esto de jugar se lo toman muy en serio. Sí señor. Muy en serio.
Y los padres estaban como niños, saludando al peque, haciendo fotos, aplaudiendo. Se lo tomaron muy en serio. Sí señor. Muy en serio.
Cada vez tengo más claro que los niños son verdaderos maestros para nuestro aprendizaje. Verdaderos maestros de a qué cosas queremos prestar atención y cómo. Verdaderos maestros de creatividad. Verdaderos maestros de cómo se puede vivir el día a día con ilusión.
En cambio, me da tanta pena ver que cuando crecemos y llegamos a los veinte o veinticinco, nos volvemos tan serios. Se nos olvida jugar, se nos olvida disfrutar con el asombro de descubrir el mundo, se nos olvida aprender con las pequeñas cosas…. Nos decimos: “¡¡Calla!! Estoy ocupado en crecer y en volverme una persona útil” y diciendo/pensando eso, dejamos de brillar.
Sin embargo, gracias a Dios, con la madurez, volvemos a contemplar a los niños. Les vemos jugando todo serios a un dinosaurio que se comió a un dragón. O a ser policía que va a ayudar a una viejecita. O a tirarse por el tobogán cabeza abajo. Todo serios. Porque no hay nada más serio que jugar.
Por eso ayer me entusiasmo ver a los padres disfrutando. Cada uno venia de su trabajo, unos con traje y corbata, otros de sport, pero en ese momento el trabajo había pasado a un segundo plano y eran personas que estaban reviviendo su niñez. Ojalá lo hiciéramos más a menudo. Ojalá jugáramos más a menudo con nuestros hijos (o sobrinos). Así ellos (los niños) nos ayudarían a recuperar nuestro brillo. ¡Y el mundo necesita tanto que haya personas que brillen!
Y tú, ¿cuánto hace que no juegas con tus hijos en la arena del parque?, ¿cuánto hace que no juegas a princesas o a policías con tus hijos?, ¿cuánto hace que no juegas con tu niño interior? Revísalo. Porque a lo mejor no te has dado cuenta de que estas empezando a dejar de brillar, ocupado por querer parecer ser alguien “adulto”.
¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo!
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Que gracioso , y mayor se le ve
besos
Mamen
Hay que reír; es lo más serio
🙂
Lucía
Iba pletórico, Mamen, sonriente no, lo siguiente.
Y si, esta muy mayor!!
Besos!
Pues sí, Lucía. Es lo más serio que podemos hacer.
Ojalá todos nos diéramos cuenta de eso… y dejáramos un poco en un rincón a nuestro adulto y volviéramos a ser un niño.
¡¡A REIR!!!
🙂
yo doy gracias a Dios por concederme la gracia de ser catequista y monitora, vuelvo a ser niña otra vez y me enseñan ellos más a mi que yo a ellos…
Lucia
Pues sí, Lucía, cuando estás con niños ellos se convierten en tus maestros. .. si te dejas.
🙂
Que guapisimo y feliz se le ve.
!Desprende luz por todo su ser! besos
Inma
Inma, ¿sabes lo que más caracteriza a Juan Pablo? ¿Sabes cuál es su esencia? Que BRILLA. Que ilumina allá por donde va. Que desprende LUZ con todo su ser (como muy bien lo has percibido tú)
Él mismo dice que "brilla más que el sol". Y ¡ojo! yo no le he dicho nada, eh!
Pero cuando somos niños sabemos cuál es nuestra esencia.
Ojalá y, de adultos, consiguiéramos no olvidar nuestra esencia… o si la hemos olvidado, ojalá y consiguiéramos recordarla.
¡¡Ah!! Y se puede, eh!!
Besos!
Totalmente de acuerdo contigo.
Todos brillamos pero vamos olvidando encenderla a no ser de que seas consciente de ella.
Un beso de luz Elida.
Inma
Pues si.
Y, a la vez, me viene a la cabeza, el poema de Marianne Williamson (que cito Nelson Mandela):
"Nuestro mayor temor no consiste en no ser adecuados.
Nuestro temor consiste en que somos poderosos más allá de toda medida.
Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos atemoriza.
Nos preguntamos: “¿Quién soy yo para ser brillante, espléndido, talentoso, fabuloso?”
Pero, en realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres hijo de Dios.
Tus pequeños juegos no sirven al mundo.
Disminuirte a ti mismo para que los demás no se sientan inseguros a tu lado no tiene nada que ver con la iluminación.
Todos estamos hechos para brillar, como brillan los niños.
Nacemos para manifestar esta gloria del Dios que está dentro de nosotros.
Y no es que esté sólo en algunos; está en todos nosotros.
En la medida en que dejamos que brille nuestra propia luz,
damos a otros permiso para hacer lo mismo.
En la medida en que nos liberamos de nuestro temor,
nuestra presencia libera automáticamente a otros."
Cuando nos damos permiso para liberar nuestra luz, nuestra presencia libera a otros.
¡¡¡Qué gran tarea se nos ha encomendado!!
A ti y a mi, y a cualquiera que lea esto.
Mil besos, Inma