Llorar… para sanar

Ayer fui a una conferencia. Era de Ecequiel Barricart, se titulaba “Cómo Llorar”. Ece es especialista en Marca Personal (de hecho, es autor de “Tú eres Dios. Y tu marca personal, tu religión”). La tesis de partida de Ece es que para tener una marca personal poderosa y asentada en la “verdad”, antes debemos llorar, saber llorar, cerrar las heridas que acumulamos en la vida. Lo hizo desde la reflexión profunda y desde el humor, ¡¡preciosa combinación!!

Comenzó con una frase que me hizo pensar mucho. “Estoy muy bien llorao,… por eso ahora río tanto”. Los asistentes se rieron mucho, ¡yo también! Y por dentro me hizo pensar mucho. ¿Qué relación tienen las lágrimas con la risa? Me da que mucha.

Todos tenemos heridas y sobre dichas heridas construimos nuestros proyectos, y, claro, así no están bien construidos. Por eso, necesitamos llorar nuestras heridas, para sanarlas, para acceder de verdad a nuestra marca personal, y desde ahí crear.

Ecequiel comentó que todos los seres humanos somos como cebollas, con muchas capas. Y nos preguntó que cuántas capas de cebolla hay entre lo que muestro y mi centro. Es una pregunta importante, a mi parecer, porque es imposible tener éxito (éxito del bueno, espiritual, no de cosas) si nuestro centro no está libre, si entre medias hay muchas capas de cebolla que nos impiden acceder a él.

Y nos dio lo que yo he llamado las cuatro patas para una silla donde puedes sentarte y crear:

+ COMPASIÓN, palabra impresionante, con una belleza inconmensurable. Nos estamos machacando continuamente, con “no soy bueno”, “esto es culpa mía”, “no valgo”, etc. Y nos machacamos por no atrevernos a llorar nuestras heridas. Tenemos que ser compasivos hacia nosotros mismos. Mirarnos con compasión, ver nuestras heridas, con compasión. Y llorarlas. Mi experiencia con todo tipo de clientes es que esa compasión hacia nosotros mismos es algo que la gran mayoría no tenemos. Y cuando conseguimos mirarnos de esa manera, ¡¡todo cambia!!

Enfrentarnos a nuestras heridas, con compasión, llorarlas, para después o despedirlas o acogerlas. Eso o la otra opción, el Cáncer.

+ FRECUENCIA, el ser humano vive en distintas frecuencias. Las personas equilibradas, sanas, están en la frecuencia media, y desde ahí pueden llegar a la plenitud. Pero muchas veces estamos en las frecuencias superiores, donde hay sobre-sensibilidad, y eso nos lleva (en los casos más “graves”) al juego, a la bebida, a las drogas. Infelicidad absoluta buscando la felicidad. O estamos en las frecuencias inferiores, que nos lleva a ansiedad con tendencia a depresión. Y tampoco somos felices ahí. Por eso es tan sumamente necesario estar en la zona media.

+ tener un LLORADOR. Este punto me fascinó, y al mismo tiempo lo veo algo difícil (conseguir un amigo que tenga todas las cualidades es como si te toca la lotería):

– amigo incondicional,
– no te juzga,
– no te cuestiona,
– te acompaña desde tu frecuencia,
– puedes mostrarle tu debilidad sin miedo,
– nunca te traiciona,
– te protege para que descanses,
– pone con amor su hombro para que llores
Ece nos instó a, si tenemos un amigo que cumple estas condiciones, que le llamemos hoy mismo, para llorar con él nuestras heridas. Porque si no las lloramos, se hacen más grandes, si las lloramos, se curan.

 

+ LUGAR, busca un lugar donde puedas llorar con tranquilidad. Da igual si está en Japón o en tu propia ciudad, pero búscalo. Un lugar donde, una vez lloradas tus heridas, puedas crear, construir. Donde no haya capas de cebolla.
Al principio de su conferencia, Ece puso un poema. En unos versos decía: “El vacio es el camino. El camino es el vacio. Amo, no hay ruido, vivo”. Confieso que no entendí esa frase al comienzo. ¿El Vacio?, ¿el camino?, ¿no hay ruido? Al final de la conferencia, creo que lo pude comprender. Cuando aprendes a llorar tus heridas, limpias tu espacio, lo dejas vacio. Y desde ahí, sin ruido (sin capas de cebolla), puedes amar, puedes vivir, y puedes llenarlo de tu energía creativa.
Termino ya. Con una frase que dijo al final, en el turno de preguntas, que me movilizó mucho: “No confundir las gestiones de las cosas de la vida, con la vida misma”.
¡Gracias Ece por tu conferencia! ¡Gracias también al grupo de amigos que nos reunimos allí!
Yo, os confieso, he llorado mucho, y noto que aun tengo que seguir llorando más. Y tú, ¿sabes llorar tus heridas?

¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo!

11 Comments
    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    Élida, qué decirte amiga…GRACIAS. Realmente ayer "estuviste" en la conferencia. Me siento agradecido desde dentro.

    Un beso,

    Ecequiel

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    Me ha encantado, Gracias Elida por compartirnos algo tan fascinante

    Mari Mar D.L.

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    Marita estoy deseando ir!!!

    Sol E.

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    Me desconcierta el título de su libro Tu eres Dios…ya me contarás.

    M Ángeles E.

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    Elida, gracias por espejar una conferencia tan llena de vida.

    Marita

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    Sol E.,,, dime cuando quieres venir, y vendrás!! bssss!!

    Marita

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    Elida, gracias . Lo comparto

    Marisa R.R.

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    ¡¡¡Mil gracias por tus Palabras!!! Cuánto me gustaría charlar una tarde tranquilamente.

    Pilar dF.S.

    • Anónimo
    • 2 octubre, 2015
    Responder

    ¡¡¡Me parece genial las lecciones que nos dan las personas , y como nos en sellan a afrontar la vida!!!

    ¡¡¡Os dejo tengo que llorar un ratito!!!

    Paloma M.H.

    • Anónimo
    • 8 octubre, 2015
    Responder

    Es precioso lo que has escrito. Busca a ese amigo. Mi suerte es que ya lo tengo y se llama Ecequiel y además también nos reímos!!!

    Ramón S.M.

    • Anónimo
    • 8 octubre, 2015
    Responder

    Excepcional "conferencia". Magistral. Gracias por transmitirlo.

    Soledad M.R.

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