Este fin de semana he estado pensando mucho en los atentados de Paris. Y en otros muchos atentados que están pasando en otras partes del mundo, a los que los europeos no le damos tanta cobertura mediática, pero que son iguales: son atentados en los que el resultado es PERSONAS que mueren. Personas. Igual un parisino, que uno de Siria, que uno de Beirut, que uno de… Igual.
Entiendo que a los europeos nos preocupemos más cuando el atentado es cerca de donde estamos nosotros. Es normal. El miedo que acecha constantemente está ahí. Lo que me cuesta entender más es que otras noticias acerca de muertes en lugares más lejanos ni siquiera nos toquen el corazón.
Los atentados me han hecho pensar mucho. Muchas personas en las redes sociales están mostrando su odio, escondido tras el miedo, hacia los musulmanes. Sin embargo, los musulmanes se dirigen al mismo Dios Padre que los cristianos. Y no lo digo yo, lo dice el magisterio de la Iglesia. Y Dios es amor. Y no lo digo yo, lo dice la palabra de Dios en la primera carta de Juan (1 Juan 4:8).
Y el problema es que si comenzamos a inculcar en nuestro corazón el odio,… el odio incrementa el odio. Y eso nunca es bueno. El odio no podemos dejarle crecer. Porque, como decía Mahatma Gandhi: “Ojo por ojo, y el mundo quedará ciego”.
Soy consciente de que hay muchas personas que no son creyentes. Muchos de mis amigos se consideran ateos. Pero también soy consciente de que hay muchas personas que sí que creen. Muchas. Muchísimas. A ambos me gustaría decirles que no caigan en el desánimo, en la ira, en la desesperanza,… porque todo eso es alimento para que el odio crezca.
Martin Luther King dijo: “La oscuridad no puede sacarnos de la oscuridad. Sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede sacarnos del odio, solo el amor puede hacerlo”.
SOLO EL AMOR PUEDE HACERLO.
Sabes que no creo en las casualidades. No. Creo que todo, hasta el más ínfimo detalle no es casual. Dos días antes del Viernes 13, volví a ver con Ángel, mi marido una peli que llevaba más de 10 años sin ver: “La Misión” de Roland Joffé. Y el Sábado me venía continuamente a la mente la conversación que tienen el padre Rodrigo Mendoza (Robert de Niro) con el padre Gabriel (Jeremy Irons). Rodrigo ha vuelto a coger la espada, para luchar contra los soldados portugueses. Y va a pedir a su padre jesuita la bendición: “Padre, vengo a que me bendiga”. Gabriel, el padre de los jesuitas de esa zona le responde: “No. Si obra bien, Dios le bendecirá. Si obra mal, mi bendición no le servirá de nada. Si la fuerza es lo que vale, no hay lugar para el amor en el mundo. Puede que sí, que así sea, pero yo no tengo ánimo de vivir en un mundo así, Rodrigo. No puedo bendecirle”.
SI LA FUERZA ES LO QUE VALE, NO HAY LUGAR PARA EL AMOR EN EL MUNDO. Por favor, reflexiona esta frase. Es sumamente honda.
Al final ambos mueren. Pero la muerte de uno transmite más serenidad, más bondad, más triunfo que la del otro.
Yo quiero estar en el ejército de los que no desean devolver mal por mal. Yo quiero luchar con las balas del bien. Aunque parezca que va más despacio, aunque yo no vea el fruto final,… yo quiero tener como bandera la del amor. Y eso implica contar con el AMOR con Mayúsculas. Por eso, ante el misterio del mal es necesario rezar. Rezar por las víctimas y por sus familias. Y rezar también para que los yihadistas se conviertan. Pero de verdad. No sólo para que dejen de matar, sino para que descubran la grandeza de luchar bajo la bandera del AMOR.
Porque yo no quiero vivir en un mundo donde no haya lugar para el amor.
¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo! Quizás estas palabras sirvan para que, entre todos, mostremos más amor.
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Me gusta. Con tu permiso, lo comparto.
Pilar dF. S.
En la Eucaristía ( misa ) a la que asistimos el Domingo una de las peticiones fue "por las víctimas de los atentados y por los causantes"; la explicación del oficiante: una madre quiere por igual a todos sus hijos sea cual sea su comportamiento, añadiendo que no por ello ha de dejar de intentar corregir la actitud del errado.
Difícil de comprender y más aún de practicar pero es lo realmente coherente con nuestra fe.
Y, recordemos que fe y religión no son sinónimos.
Anabel C.
¡¡Me encanta!! Lo comparto amiga.
Fanny C.C.
Lo comparto, Élida
Reyes R.
Todo es verdad. Pero si la pregunta es si actuamos para defendernos y a nuestros hijos, yo como el padre Rodrigo Mendoza ….
Carolina F.
En la misa a la que asistí yo el Domingo, también pedimos por los asesinos. Efectivamente, como tú muy bien dices, Anabel, una madre no deja de querer a sus hijos independientemente de su comportamiento y tampoco deja de corregirle si es preciso.
Al final es saber que todos somos hermanos. Y que, cuando no queda nada más que podemos hacer, lo que siempre tenemos es la oración.
¡Gracias por lo que has compartido!