Paciencia

El mes pasado, una amiga mía, Pilar, contestó a un artículo que había escrito yo. Me decía que estaba de acuerdo con lo que había escrito yo y añadía: “Un regalo en estos días tan trepidantes y fascinantes a la vez…” Me llamóbastante la atención esa frase, por lo que le contesté: “¿Qué pasa estos días? ¿Estás bien?”. Y ella me contestó con un tono de humor super bueno: “¿eres bruja?, ¿o hada? Muchas gracias, todo normal, pero muy deprisa… ¿habrá que aprender a parar… para ser feliz?

¡Cuánta razón tiene mi amiga! Para ser feliz tenemos todos que aprender a parar, a no ir con tanta prisa. Tenemos que aprender a degustar cada minuto de nuestro día. Más, ¡¡cuán lejos estamos la mayoría de lograr eso!! Yo por lo menos no lo consigo. Y voy por la vida con mucha prisa. Para llegar antes, para poder hacer más cosas, para cumplir un horario, para… ¿para qué? Para no disfrutar de lo que hago. Para no ser feliz.

Por eso, es algo que me lo estoy trabajando bastante desde hace tiempo. Porque un mal hábito se quita implantando otro (buen) hábito. ¿Cómo? Con cosas concretas, con acciones. No con reflexiones solo. No. Con acciones.

Por ejemplo: llevo bastante tiempo (más de un año) esperando a que el semáforo de peatones se ponga en verde para cruzar. Cuando tienes niños pequeños es un comportamiento más normal, los papás dan ejemplo a sus hijos. Pero cuando no vas con el niño, cruzas si no viene nadie. Pero si quieres vivir tus valores en plenitud y quieres ser coherente con tus palabras (si le has dicho a tu hijo que no cruce hasta que el semáforo este en verde, ¿qué haces tú cruzando si está en rojo?) y si de verdad quieres ser más feliz y te has dado cuenta de que eso se consigue parándote, yendo más despacio,… descubres que parar en el semáforo es una manera de cuidar tu felicidad. Imagínate, una gran ciudad (Zaragoza), invierno, mucho viento, Sábado, a las 8:30 de la mañana, la poca gente que va por la calle cruza como le da la gana. Y a mí me miran con cara de asombro al ver que espero en avenidas amplias en las que no pasa ningún coche. Me miran con cara de: ¿esta está loca o es alemana? J  Pero la certeza de estar haciendo lo adecuado para cultivar mi felicidad inunda mi corazón.

Otro ejemplo: cuando llevo a mis peques al cole. Vamos 15 minutos andando. Vamos aprovechando para ir jugando. El día comienza con alegría en casa. Alex camina más despacio, tiene 3 años y medio y sus piernas dan lo que dan. Pero vamos a su ritmo. Esta mañana hemos pasado por una cera ¡hasta arriba de hojas de otoño caídas! ¡¡Nos lo hemos pasado pipa pisándolas y dándoles patadas para levantarlas!! Cerca del cole, una madre nos ha adelantado diciéndole a tu hijo de mal humor: “Venga, que siempre vas tan despacio”. Yo he pensado que el disfrute, la complicidad que mis hijos han sentido conmigo y yo con ellos, el juego… todo eso no se paga con dinero. Y al final hemos llegado casi al mismo tiempo, pero mis hijos tenían una sonrisa de oreja a oreja. Y yo estaba cultivando la felicidad en mi interior.

Yo a mi amiga le contesté: “Jajaja, ni bruja, ni hada. Simplemente PERSONA. Ahora en serio,  Pilar, es verdad que a veces la vida va muy deprisa… y es nuestra labor aprender a parar, a hacer las cosas despacio, para saborearlas. ¿Para ser feliz? Estoy más que convencida con que la felicidad va de la mano de saborear la vida… y nosotros seguimos “comiendo” súper deprisa. Y nuestra vida se convierte en un restaurante tipo McDonald’s… frente a estar en Chef Élida (cada uno que ponga su nombre ahí)

Creo que todos tenemos que cultivar una grandísima virtud: la Paciencia. Yo por lo menos sí. Tengo que cultivar la Paciencia. Para hacer las cosas con PAZ. Para hacerlas disfrutándolas. Y con pequeños detalles podemos ir haciéndola crecer en nuestro interior.

Te invito a frenar un poco tu día. Te invito a que disfrutes de más pequeños detalles. Te asombrará la cantidad de pequeños detalles que te rodean en cada hora y que no te das cuenta de ellos. Te invito a ser tu propio líder en el estilo de vida que quieres vivir.

¿Aceptas mi invitación?

 

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8 Comments
    • Anónimo
    • 25 noviembre, 2015
    Responder

    Gracias 😀

    David S.

    • Anónimo
    • 25 noviembre, 2015
    Responder

    Es verdad hay q vivir cada día como si fuera el último, intensamente pero no solo los fines de semana, sino todos los días.

    Esta muy bien expresado.

    Charo B.R.

  1. Responder

    A ti, amigo David

  2. Responder

    Pues sí, Charo, todos los días los deberíamos vivir como si fuera el último.

    Y la clave es ir despacio, sin prisa. Así aprenderemos a degustar cada minuto de nuestro día.

    Al final es mirar cómo estamos saboreando cada cosa que hacemos. Porque la felicidad va de la mano de saborear la vida.

    Cada uno de nosotros tenemos que pensar si estamos "comiendo" súper deprisa en un McDonald’s o si preferimos estar en Chef Élida (o Chef Charo en tu caso)

    Me alegro que te haya gustado. Gracias por tu comentario.

    Élida

    • Anónimo
    • 2 diciembre, 2015
    Responder

    ¡¡Que razón tienes querida profesora !!

    Mayte M.

  3. Responder

    ¡Jajaja! Mayte tú eres una alumna modelo.

    ¡Gracias guapa!

    • Anonimo
    • 25 noviembre, 2017
    Responder

    Yo te invito a q jamás cambies y sigas dando todos esos mensajes salidos del alma para beneficio de todos los q se permiten seguirte.

    Gracias de corazón por guiarnos con tu luz. Un beso

    Inma M.C.

    • Anonimo
    • 25 noviembre, 2017
    Responder

    Me ha encantado Elida!

    Lucia S.

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