Hace unos días, hablando con una amiga, me dijo que había comenzado a escribir un libro. Yo sabía su inquietud por escribir, desde hace 2 años lleva queriéndolo escribir. Y ha pasado algo en su vida que ha sido el desencadenante para que ¡por fin! se ponga. Y esta amiga me decía: “Creo que me he puesto a escribir porque me pesa la conciencia. Tengo dentro de mí un vacío que no lo llena mi trabajo (que le gusta y es buenísima, acaba de ganar un premio a la excelencia en su sector en España), ni mi familia (a la que adora). Por eso me pongo a escribir”.
A mí me dio mucho de pensar. Y le dije: “yo nunca me he preguntado el para qué escribo”.
Hoy me sigue rondando esa pregunta: ¿para qué escribes, Élida?
Escribo porque algo dentro de mí quiere salir. Cuando escribo entro en flujo. Todo queda fuera, no pienso en qué dirán los demás, no pienso en mí, no sale una voz acallándome. No. Todo queda fuera. Entro en el estado de flujo, en el que mi ser más intimo intenta transmitir lo que quiere decir. No siempre lo consigue tal cual es, muchas veces queda un esbozo de lo que tengo dentro. Me viene a la cabeza la introducción a las “Rimas y Leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer, cuando dice: “Fecunda, como el lecho de amor de la miseria, y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número, a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma. […] ¡Andad, pues! Andad y vivid con la única vida que puedo daros. Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para que seáis palpables; os vestirá, aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez”.
Escribo porque necesito compartir mis pensamientos. Aunque nadie lo leyera, seguiría escribiendo. Y si alguien lo lee, mi deseo es que le sirva. Que mis pensamientos, volcados con harapos, le ayuden a configurar sus pensamientos.
Escribo para ayudar a otras personas. Las cosas que me han pasado, algunas difíciles, muy difíciles. Los libros que he leído. Las personas que he conocido. Todos ellos han hecho que yo hoy sea como soy. Con mi experiencia, con mi mirada transparente, con mi fortaleza interior. Escribo para ayudar a otras personas.
Escribo porque me resulta fácil. Francamente fácil. Mentiría si dijese lo contrario. Cuando me pongo a escribir, lo que iba a ser un borrador es el artículo final. No lo modifico nada. Tal cual sale lo mando.
Escribo también porque muchos de mis lectores me dicen que les sirve, que lo que escribo les resuena, que algo se coloca dentro de ellos cuando me leen.
Escribo porque entro en flujo… y no puedo (¡ni quiero!) evitarlo.
Escribo porque soy feliz mientras escribo. ¡Y todos queremos ser felices!
Amiga, creo que ese es mi Para qué mayor de mi escritura.
¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo!
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Para mi el escribir es como un vomito de alma.
Es estar en la conciencia plena del aquí y el ahora.
Tienes que conectar los dos hemisferios mentales, el racional y el creativo .
Escribir es chillar aunque no te oigan.
Es acariciar aunque no te toquen.
Es un acto notarial, sin notario de así siento en este momento.
Es un acto de generosidad contigo misma.
Es darte la oportunidad de decir así me creo hoy, a mi manera, guste o no guste.
Elida Peñalver, gracias , me has hecho que me pregunte, para qué escribes?
Me ha hecho de espejo de lo que me motiva a escribir .
Es descubrir mi para qué?
Marisa R.R.