Tengo la suerte de tener muchos MAESTROS. Con mayúsculas. Son personas de las que aprendo continuamente. Y a las que les debo mucho de mi crecimiento.
Uno de ellos es mi hijo. Bueno, mis dos hijos, aunque hoy voy a hablar del mayor, Juan Pablo. Si. Un ser tan pequeño, pero… ¡¡tan grande!!
Hoy me ha enseñado una gran lección. Cuando le estaba vistiendo para llevarle al cole, me ha dicho, con un tono de alegría: “mamá, hoy quiero ponerme uno de estos y otro de estos”. Se refería a zapatos. Quería ponerse uno de cada, diferentes (¡¡menos mal que ambos eran de color azul!!). Yo le he mirado y le he preguntado: “¿Seguro?”. “Sí” Y así ha ido al cole hoy.
Cuando hemos llegado al cole, ha visto una amiga mia que trabaja en el cole y ha ido corriendo y le ha dicho: “¿Has visto lo que llevo?”. Mi amiga no sabía, pero mi hijo se miraba los pies y al rato, mi amiga le ha dicho: “¡Anda! Llevas un zapato de cada estilo. ¿Te has confundido?”. Mi hijo, todo serio le ha dicho: “No”. Le he dicho a mi amiga que ha querido hacerlo así y me ha mirado con una cara muy rara. Y cuando ha pasado a su clase, lo primero que ha hecho ha sido preguntarle lo mismo a su profesora. Y la profe le ha contestado: “¡Anda! Llevas un zapato de cada estilo. ¿Te has confundido?”. Y mi hijo, de nuevo, le ha contestado que no. Cuando le he dicho que ha querido ponérselo así, la profe me ha vuelto a mirar con cara de “qué raros son”.
Pero yo me he ido a casa tan feliz. Cada día tengo más claro que conforme vamos creciendo nos vamos cortando nuestras alas creativas. Y también tengo cada vez más claro que la opinión de los demás nos influye muchísimo. Y entre que no damos rienda suelta a nuestra creatividad y que nos dejamos llevar por los pensamientos de los demás, al final vamos siendo medios-yo, en lugar de ser YO en plenitud.
En cambio, ¡¡los niños son tan diferentes!! Brillan sin darse cuenta, son creativos sin proponerselo. La pena es que ahí estamos los adultos para enseñarles a cortarse las alas. Menos mal que hoy yo me he cortado esta necesidad de enseñar a mi hijo lo que es “correcto”. Menos mal que he dejado que brillara llevando un zapato diferente. ¡¡Menos mal que mi hijo ha ido feliz siendo él mismo!!
Y he aprendido que yo también tengo un niño interior que quiere ser lo que es, un niño. Creativo, alegre, dispuesto a no escuchar las voces que le intentan reprimir y que quiere brillar, así, como es. Simplemente. Así de sencillo… y así de profundo.
¡¡Cuánto he aprendido hoy!! ¿Y tú? Mira a tu alrededor a los niños que tengas a tu lado (tus hijos, sobrinos, vecinos, etc.). ¿Qué puedes aprender de ellos?
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