Por debajo… hay belleza

Estos días pasados, coincidiendo con la festividad del Corpus, mi familia nos hemos tomado unos días de descanso. Hemos ido al Valle del Tietar, en Ávila. Hemos estado desconectados del mundanal ruido y hemos estado en plan exploradores, observando todo tipo de animales, de insectos, cascadas,… Los peques han disfrutado de lo grande (Juan Pablo ha sido un explorador de tomo y lomo, ya sacaré tiempo para comentarte cosas que se ha atrevido a hacer J ) y los papás también.

Uno de los días, fuimos a ver la Cueva del Águila. Me sorprendió. Mucho. Muchísimo. Es impresionante. Ver tantas estalactitas, tantas estalagmitas, en una cueva enorme, cuanto menos llama la atención. Y más si pones a jugar a tu imaginación, intentando sacar parecidos entre tantas rocas y tantas construcciones.

Pero yo salí muy sorprendida por un pensamiento que tuve dentro. No porque fuera la primera vez que lo pensaba, sino por la fuerza con la que me vino en la cueva. El pensamiento que me surgía continuamente era la profunda belleza del ser humano. La cueva estaba dentro de un paraje “normal”. Nada distinto de parajes separados por varios kilómetros. Nada hacía pensar que ahí justo, por debajo de la tierra, iba a surgir tanta belleza. Y sin embargo, ¡ahí estaba!

Las personas somos así. Todos los días nos cruzamos con mucha gente, que aparenta ser “normal”, o a quien yo enseguida catálogo como “normal”. No parecen diferentes de otras personas con las que también me he cruzado pasos atrás. Y sin embargo, todas esas personas con las que me cruzo, todas, tienen dentro de sí una cueva preciosa, con una belleza inconmensurable.

El hecho de que yo no lo vea, no significa que no esté ahí. A mí me llamo la atención cuando el guía nos contó que la cueva había sido descubierta hace unos 40 años (creo recordar), por cuatro adolescentes, que “de casualidad”, se metieron dentro y estuvieron perdidos dentro de ella unas 4 horas. Antes, años antes, siglos antes, el mundo no sabía que ahí debajo de esa loma, había una cueva tan impresionante.

Pero la cueva llevaba miles de años.

Salí con el pensamiento reforzado de que el ser humano es de una inconmensurable belleza. Esa belleza la tiene, aunque los demás no se den cuenta. Es más, la tiene, aunque él tampoco se atreva a contemplar su belleza.

Y salí con la determinación de buscar cuevas humanas. De descubrir las estalactitas y las estalagmitas del interior del hombre. Y salí con ganas de ser exploradora del ser humano.

Y sobre todo, salí con la firme creencia de que mi pensamiento es exacto. El ser humano tiene una profunda belleza en su interior. Tú la tienes. Yo también. Aquellos con los que nos cruzamos, también. Aunque no nos atrevamos a verla. Ella está dentro.

¿Te apuntas a ser explorador del ser humano? ¿Te apuntas a explorar tu Cueva Interior, tu profunda belleza? J

 

¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo!

 
9 Comments
    • Anónimo
    • 9 junio, 2015
    Responder

    Has estado en mi tierra¡¡¡ Soy de Candeleda, muy cerca de las cuevas.

    Me encanta tu reflexión.

    Belén B.

    • Anónimo
    • 9 junio, 2015
    Responder

    Que BELLEZA!! 😀

    Isabell

    • Anónimo
    • 9 junio, 2015
    Responder

    La conozco, es preciosa.

    ¡¡¡Y fabulosa reflexión, Elida!!!

    Raquel G.

  1. ¡¡Oh, Belén!! Pues doy fe de que tu tierra es preciosa. A nosotros nos ha enamorado 😀

    Y me alegro que te haya gustado mi reflexión.

    ¡¡Besos!!

    Élida

  2. 😀 Isabell, ¿a que es una belleza la cueva?

    Y conociéndote un poquito como te conozco, me da que también dices lo de la BELLEZA por lo que ves en lo profundo del ser humano ;-D

    ¿o me equivoco?

  3. Gracias, Raquel!! Es preciosa.

    Y gracias por tus palabras para mi reflexión. Besos!

    Élida

    • Anónimo
    • 10 junio, 2015
    Responder

    Ay mi Querida Elida!! ¡¡¡Me encantas!!

    Así es, ¡¡las dos cosas!!

    El lugar ¡¡¡BELLÍSIMO!!

    Y el interior de cada Ser Humano igual; un diamante en bruto, que muchos vemos el puro carbón a veces, pero puliéndolo, sabríamos que todos tenemos ahí dentro la más grande joya!!

    Abrazos Amiga, Isabell

  4. Jejeje, Isabell!! Cómo te voy conociendo (a pesar de que haya un océano entre nosotras)

    Me encanta la metáfora que has usado. Realmente muchas veces vemos puro carbón, donde la realidad es que si lo puliéramos veríamos el diamante en bruto.

    Tu metáfora me ha hecho pensar. ¿Qué tendríamos que pulir? ¿al ser humano que estamos viendo… o nuestra propia mirada? ;-D

    ¡¡Me da que lo que la mayoría de las veces tenemos que pulir es nuestra propia mirada!!

    Besos, Élida

    • Anónimo
    • 10 junio, 2015
    Responder

    ¡¡¡Que sabia eres, Elida!! 😀

    Besos, Isabell

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