Acabo de tener una sesión de Coaching con una directiva. Es una mujer que lleva 13 años al frente de un departamento de una multinacional. Es buena, muy buena. Sobre todo, porque todo lo hace desde sus principios y valores.
Por ejemplo, esta multinacional se acaba de fusionar con otra empresa y han “recolocado” a muchos. Y catorce han ido a su departamento, que ya tenía 28 miembros. Los nuevos vienen de una manera diferente de trabajar, de distinta presión, de otros clientes, etc. Y les está costado el ponerse a dar resultados como les gustaría. Esta jefa, está buscando el resultado, pero sin olvidar a la persona. Les pregunta, les ayuda, les acompaña, les enseña,… aunque vaya un poco más despacio (a nivel de resultados), tiene claro que lo quiere hacer desde el “ver a la persona”, con el apoyo, con la motivación, con el compromiso. Y está aguantando el chaparrón que le viene de arriba, porque tiene claro que, al final, los resultados vendrán si cuida a la persona. ¡Ojala hubiera más ejecutivos como ella!
Sin embargo, ella tenía un objetivo de cambiar en su área de trabajo. De ir a otra área, porque aunque le gusta su trabajo, está algo cansada de hacer “lo mismo” durante 13 años. Ella necesita seguir aprendiendo, hacer cosas nuevas, y aportar también con todo lo que ha ido aprendiendo estos 13 años.
Pero en este objetivo va más despacio. “Es que no saco tiempo, es que estoy volcada en la gestión de mi equipo, etc.” Se está centrando en el corto plazo y no está haciendo nada para el largo plazo. Y ella cada vez es más consciente de ello. Como si fuera un agricultor, que quiere que salgan manzanas y está cuidando un campo de trigo. El trigo siempre le ha encantado, y a la vez, está algo cansada. Y le gustaría cambiar a manzanas. Pero para ello tendría que empezar a sembrar semillas de manzanas, a cuidar la tierra, a abonarla (con abono específico de manzanas),… para dentro de un tiempo (el largo plazo), recolectar manzanas.
Eso lo tiene clarísimo. Cuando le he preguntado: “Imagínate que si tuvieras tiempo. Imagínate que soy un hada madrina que te concede, por arte de magia, 3 horas más al día. ¿Qué harías diferente?” Su cara se ha iluminado. Su voz se ha hecho más enérgica. “Llamaría a más gente, quedaría a comer con otras personas, me vendería, etc.”. Pero inmediatamente me ha dicho: “ya, el tiempo realmente lo gestiono yo… pero lo que me pasa es que me da corte, es que parecería que estoy pidiendo un favor”. ¡¡Ahí está la clave del asunto!!
Este tema es recurrente, sobretodo, en mujeres. Los hombres lo tienen bastante más claro. Y no les suele costar mucho el levantar el teléfono y llamar a una persona, para quedar con él y “venderse”. Pero a las mujeres… ufff, les (nos) cuesta muchísimo. Somos más de hacer bien nuestro trabajo, a veces muy bien, somos más perfeccionistas en nuestro trabajo, y a la vez, somos de no decir nada, de no vendernos. “Si mi trabajo es bueno, se darán cuenta y ya me llamarán ellos”, es el pensamiento que abunda en muchísimas mujeres con las que he trabajado. Y al final, no me llaman… y otro coge ese puesto.
Sin embargo tras mis preguntas, se ha dado cuenta de que ella no está pidiendo nada, está ofreciendo un producto de mucho valor, que al otro le va a venir de cine. Y que ambos van a salir ganado. Va a ser una relación de simbiosis y no de parasitismo. En la simbiosis todas las partes salen beneficiadas, todos aportan. Y todos salen ganando. En la naturaleza, incluso crean un nuevo ser: los líquenes son la simbiosis de hongos y algas.
Ojalá nos atrevamos (todos, hombres y mujeres) a ver las relaciones en la empresa como una simbiosis: nos necesitamos mutuamente. Nos aportamos mutuamente. Ojala, con ese pensamiento, nos atrevamos a mirar a largo plazo para comenzar a crear el futuro que queremos vivir.
Hoy, ahora, ¿qué puedes hacer diferente para conseguir dentro de 3 años estar donde quieres estar? Porque si no haces nada diferente… dentro de 3 años, estarás recogiendo trigo. Precioso, esplendido,.. pero no serán manzanas. J
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Mandé un correo con este articulo a la directiva que me lo inspiró. y su respuesta me ha encantado. Quiero compartirla contigo:
"Estimada Elida
Me ha encantado!!!!! Estoy emocionada al leerlo, qué gran regalo me has hecho y sobre todo espero que le pueda ayudar a mucha gente.
De verdad, precioso
Gracias, gracias de todo corazón por tu ayuda
Espero recoger las manzanas y compartir mi experiencia contigo."
¡Que precioso es mi trabajo!