Vamos paseando por las “calles” de El Retiro. Son aprox. las 18:00h de una tarde luminosa de Otoño. Mi cliente y yo charlamos tras finalizar una sesión muy poderosa, mientras vamos hacia las puertas del madrileño parque, donde nos despediremos.
Me va abriendo su corazón, con una sencillez y una alegría que, en algunos momentos, a mí me produce hasta un poquito de vértigo. (¡¡Qué inmensa es esta profesión, que me permite asomarme con enorme respeto a la grandeza del alma humana!!) A mi lado va un hombre maduro, que ronda los 45-50 años. Profesional con un cargo medio en una empresa multinacional. “No soy jefazo de nada”, me dijo el primer día, pero me contó que tiene un puesto de gran responsabilidad en su empresa. Él sigue hablando. Me cuenta cómo su vida ha ido en este tiempo serenándose, cómo ha ido aprendiendo a ver el valor de las cosas en su justa medida, cómo ha aprendido en estos últimos tiempos a dar a cada cosa su justa importancia. Y, sin perder en todo momento esa sonrisa que tiene, me dice que ahora es más feliz, mucho más.
De repente detiene sus pasos, aquieta la voz y, como quien comparte un tesoro, me dice: “¿Sabes, Élida? Considero que hoy mi vida es sumamente feliz, que tengo aquello que realmente me importa: tengo Amor, tengo alegría, tengo unos cuantos buenos amigos, tengo objetivos e ilusión al levantarme por las mañanas… Si, realmente tengo todo lo que necesito para ser realmente FELIZ. …. Y no niego que me gustaría tener una casa mejor porque la que tengo se ha quedado muy pequeña, mejorar cosas en el trabajo, como un puesto en el que me valoraran más, cambiar mi viejo coche, viajar más,…. pero he descubierto que esas cosas lo que harían es que mi vida fuera más Cómoda, pero no más Feliz. Porque con el Amor que tengo y que puedo dar, ya soy todo lo feliz que necesito”.
Les prometo que no he añadido ni quitado nada a lo que mis oídos han escuchado en esta tarde otoñal de El Retiro.
Mi asombro y mi enorme respeto hacia este SER es mayor porque sé que su vida no ha estado exenta de sufrimiento: en su trabajo ha pasado 5 años en los que prácticamente no escuchó una sóla palabra de felicitación o de reconocimiento a su labor, más bien al contrario “le caían todos los marrones”; su situación económica ha pasado por momentos muy difíciles porque en su casa también entró el paro y él era el único que traía ingresos; su matrimonio pasó por momentos muy malos, en los que hasta tuvieron que ir a una terapia de pareja para salvarlo; …incluso ha pasado por la muerte de un hijo (lo más duro de todo, sin duda). Y aún a día de hoy siente que tiene cosas que mejorar (¡¡por eso decidió empezar un proceso de coaching, claro!!). Y sin embargo, a pesar de todo ello… su voz es sincera cuando me dice que es sumamente feliz.
Yo no me atrevo ni a hablar. Me sigue contando que ha descubierto que la belleza está en los pequeños detalles, en las cosas cotidianas, incluso en las cosas imperfectas que nos permiten las reconciliaciones y los cuidados.
Llegamos a nuestro punto de separación. Este hombre ha crecido unos centímetros en este paseo. ¿O será que yo he empequeñecido?
Las luces de la tarde van muriendo entre las hojas amarillentas y rojizas de los árboles. Mi interior sigue iluminado por los rayos de Sol que han emanado de este corazón tan grande. Sólo puedo llevarme las manos a mi corazón… y rogar para que este aprendizaje se quede dentro de mí.
GRACIAS.
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ME ENCANTO TU NOTA , Y TE ESTOY DESCUBRIENDO Y MAS ME ATRAPA !!!
TE FELICITO POR TUS COMENTARIOS SON ENRRIQUECEDORES AYUDAN AL ALMA.
Gracias Silvia!!
Transmites pasión y fuerza en tu comentario y te lo agradezco de veras.
Espero verte por aqui de nuevo,… yo seguiré compartiendo mis pensamientos y reflexiones, buscando que nuestras almas crezcan.
Un beso enorme. Élida