Normalmente, el trabajo nos va marcando como mínimo un tercio de la jornada. En ciertas temporadas, parece que las cosas las tenemos controladas, mientras que en otras… parece que ellas nos absorben, pueden con nosotros y… nos desconciertan.
Hay temporadas en las que nos sentimos bien: tenemos trabajo, pero nos vamos organizando, de manera que vamos haciendo las cosas en tiempo, dando las prioridades a las cosas adecuadas, gestionando las citas, los proyectos, las presentaciones. Todo bien. Y vamos como fluyendo.
Sin embargo, en otras temporadas (o días), parece que todo se complica. Bien por cosas externas (nos llaman de repente de tres cosas) o por cosas internas (algo te lleva mucho tiempo y energía en su preparación, por lo que no puedes dedicar el mismo tiempo a otras cosas y se van acumulando). Y en esas temporadas (o días), a veces estás como descentrado, como si tuvieras una brecha por la que se te va escapando la energía.
Yo esta semana estoy en uno de estas últimas: muchos proyectos e intentándome centrar para no perder energía.
Y quería compartir una cosa contigo. Antes, hace unos años, me fustigaba: “es que no te organizas bien, es que no te ha cundido, etc” (si, ese maravilloso “perfeccionista gruñón exigente” que todos tenemos dentro). Pero desde hace unos años he aprendido a poner a este personaje en su sitio. Le escucho… un poquito. Sé que a veces tiene algo de razón, aunque no le doy toda. Sé que hay veces que uno no puede abarcar a todo, todo de golpe, sino que tiene que ir priorizando.
Y creo que ahí está la clave (aunque no tengo la receta mágica, obviamente): estar atento a esa vocecita y darle la razón en las cosas que veamos que podemos mejorar (quizás no me he sentado a establecer un orden de prioridades de las cosas que quiero hacer, quizás no he marcado tiempos para distribuirme bien, quizás me he entretenido demasiado en hacer algo que en 10 minutos podría haber hecho y resulta que le he dedicado 20, etc.). Y una vez que he detectado las cosas que puedo mejorar… aplicar la flexibilidad, el respeto hacia mí misma, y el paso a paso. No puedes hacer todo a la vez,… comienza por un paso y márcate el siguiente. Y luego vendrá el siguiente.
¿Y la super-clave? Hacerlo todo desde el DISFRUTE, desde tus valores, disfrutando del camino, porque (y los que hemos hecho el camino de Santiago lo sabemos perfectamente) lo importante del camino es llegar… ¡¡¡pero sin olvidarnos de todo lo que disfrutamos y aprendemos en el camino!!!
¿Tienes temporadas de los dos tipos que he mencionado? ¿Descubres a tu “perfeccionista gruñón exigente” hablándote con más frecuencia de la que te gustaría? ¿Has aprendido a ponerle en su sitio, diciéndote: “te escucho para ver qué puedo mejorar y luego me permito tener flexibilidad y respeto mi ritmo y me permito ir paso a paso“?
Un deseo: estés en la temporada que estés… busca el FLUIR desde el disfrutar.
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Qué razón tienes!!! Yo voy poniendo al gruñón en su sitio, jijiji.
Y cuando cambias el chip y decides hacer las cosas "disfrutándolas" y aceptando determinadas situaciones, cómo cambia todo!!!! ;-D
Besos,
Mamen S.
Genial!. Mi deseo, Elida, es que Fluyas y Disfrutes aprobando a todos tus alumnos de la escuela Kühnel Escuela de Negocios de Zaragoza.
Un fuerte abrazo.
Inma M.