Un regalo desde el corazón

El otro día estuve con una amiga. Y tuvimos una conversación de esas que te calientan el alma. Estuve contándole cómo iba avanzando desde que me dio el ictus. Para los ojos de la gente que me conoce, he avanzado muchísimo, se admiran de lo que he logrado en tan poco tiempo: puedo andar, correr; puedo hablar (ya si hablo con personas que no saben que me dio el ictus, no se dan cuenta de nada), etc. La verdad es que yo misma no paro de dar gracias a Dios por lo que ha hecho conmigo.

Y, a la vez, aunque la gente me dice que está admirada con lo que he conseguido, yo veo las cosas que aún me faltan. Tengo el pie que está con un problema, que me impide andar bien del todo, y que me duele mucho. No sé escribir bien, y quiero aprender porque no quiero tirar la toalla,… y así con más cosas pequeñas. Y cuando lo comento a los amigos, todos me dicen (con buena intención, eso sí): “Venga, para lo que te ha pasado, eso no es nada”. Y sé que tienen razón. Podría haberme muerto, podría haberme quedado en silla de ruedas, podría haberme quedado sin poder hablar. Es verdad, es para dar gracias a Dios. Y como he dicho antes, ¡lo hago! Y aún así, sé que no me entienden, sé que no pueden entender que te veas con cosas que no puedes hacer, cosas sencillas, que un niño sabe hacer y tú no puedes. Sé que quizás no se hacen a la idea de lo duro que puede resultar en tu vida.

Y se lo estuve contando a mi amiga. Y al contárselo, me caían lágrimas. Pero al mismo tiempo, le decía que iba a seguir intentándolo, que no iba a tirar la toalla, que iba a conseguir aprender a escribir de nuevo, o por lo menos iba a seguir luchando para conseguirlo, dando lo mejor de mí en todo momento.

Bueno, pues hoy he recibido un correo de mi amiga. Quiero compartirlo contigo, porque me ha parecido precioso. Ella me dice: “Vi a una Élida que no conocía. Porque no es lo mismo saber que esa parte existe, a vivirla. Con todo mi respeto, vi parte de tu vulnerabilidad cuando se te saltaron las lágrimas. Sé que ha sido duro todo tu proceso, y lo has compartido de palabra conmigo, pero el otro día sentí gratitud por poder compartir contigo, a tu lado, uno de esos momentos de debilidad. Me sentí más cerca de ti. Y a la vez me transmitiste mucha fortaleza, esperanza y capacidad de crecimiento. Sentí la debilidad de un ser humano que se supera, que se recompone, que resurge de sus cenizas como el Ave Fénix. Y me di cuenta que todos somos vulnerables, pero que tenemos recursos para salir adelante. […] De niña, yo sentía que el mundo fuera era perfecto, menos yo, que era defectuosa. Creía que todo el mundo acertaba en sus decisiones, tenía vidas ideales, sabía gestionar sus problemas, sus emociones. […] Cuando los pacientes llegan, y te cuentan sus problemas, sus debilidades, sus dolores, sus alegrías…siento que no estoy sola…que la realidad es otra…que hay más humanos como yo, imperfectos, débiles, que dignamente cada día intentan mejorar sus vidas. Y eso me consuela y me reconforta. Entonces contigo, con el cariño y la admiración que te tengo…fue como un mensaje de Dios que me decía: «ella puede y tú también puedes». […] GRACIAS desde el corazón!! Que Dios te bendiga.”

¿Sabes?  Creo que todo lo que nos pasa tiene un para qué, y un para qué Mayor.  Y ojalá que lo que me ha pasado a mí, sirva para que otras personas se den cuenta de que pueden crecer más aún. Ojalá nos sirva a todos para dar lo mejor de nosotros en cualquier situación, aunque nos cueste, aunque nos sintamos pequeños, aunque nos parezca que no lo vamos a lograr.

Y así, cuando lo veo desde esta perspectiva, encuentro la fuerza para seguir luchando, me canso menos de seguir intentándolo. Y quiero gritar a todos: “¡¡Tú puedes conseguirlo, sólo tienes que seguir intentándolo!!”

Hoy los cristianos celebramos el día de Amor. ¡En que envoltorio tan bonito, con estas palabras, ha puesto esta amiga su amor para mí!!

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2 Comments
    • Anónimo
    • 6 abril, 2013
    Responder

    La recuperación del cuerpo y el cerebro humano es algo prodigioso, así que no desesperes en los días que parece que no sale nada bien. La constancia es el mayor triunfo, y no dudo de que lograras todas tus metas.
    Un beso grande Elida.
    César

  1. Gracias Cesar!
    Efectivamente el ser humano tiene una gran capacidad de recuperacion, sólo hay que confiar en él.
    Gracias por tus palabras de animo!!!!
    Un beso enorme!!

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