… y comieron perdices.

En muchas ocasiones, pasamos por momentos “turbulentos” a nivel de nuestras emociones. Hay veces que los problemas del trabajo, se juntan con enfermedades (nuestras o de familiares queridos), y se juntan también con problemas con los niños (que si está en plena adolescencia y no hay quien le aguante, que si tiene 4 años y está en la edad del “No” siempre, etc.). Todo eso hace que, muchas veces, nuestra relación con la persona con quien hace años prometimos amor para siempre, nuestro esposo, se tambalee. Porque nos puede decepcionar, porque no nos ayuda todo lo que nos gustaría, porque ya no conversamos, porque puede pensar de forma diferente a mí, porque él también está en momentos problemáticos en su trabajo… y quizás no se siente arropado por mí, al igual que yo no me siento arropada por él. ¿Te resulta familiar esta situación?

Estas etapas “turbulentas” de la vida, en las que ni siquiera uno mismo sabe qué siente, ni qué quiere, ni qué sentido tiene todo, nos pueden llegar a confundir mucho. Podemos caer en sentir que ya no quieres seguir, que es demasiado, que no tienes porque ser infeliz, que sola estarías mejor y hasta tendrías otras opciones. Y quizás, te empiezas a fijar en otros hombres, que parecen más comprensivos, que te entienden mejor. Y de ahí, a enamorarte,… puede haber un paso, solo un paso. ¿Te resulta familiar esta situación?
Pero estas etapas “turbulentas” de nuestra vida, para mí son indicadores de que algo profundo, muy profundo, no está bien. Que en tu identidad, en tu esencia, por algún motivo te has desconectado de ella. Y si estás desconectado de tu esencia, todo lo demás no irá bien.
¿Sabes? Recuerdo perfectamente algo que dijo Gustavo Bertolotto cuando me formé con él en PNL hace más de 10 años. Él comentó que la mayoría de las personas cuando cumplen 50 años (a veces antes), se sienten desilusionadas. Y no saben el por qué. Y un día, en su salón, se ponen a mirar las cortinas y de repente se dan cuenta de que eran las cortinas. ¡¡Ya no me gustan esas cortinas!! ¡Por eso estoy así! Y deciden cambiarlas. Y durante unas semanas están super contentas. ¡Eran las cortinas! Pero al poco tiempo, vuelve a surgir ese sentimiento de desilusión, de decepción, y… de repente, si es un hombre, ¡¡se compra una moto!! Y vuelve a sentir la ilusión que había perdido. ¡Era la moto! (o era el cambio de look de la mujer J ). Pero al poco tiempo, varios meses, se da cuenta de que vuelve la desilusión. Entonces, mira a su cónyuge y se da cuenta de que ya no comparte nada con él o ella. Y al final, se lía con un compañero de trabajo, que le entiende, que le da mucho amor, con quien la comunicación es super buena,… hasta que al cabo de unos meses siente que la desilusión vuelve,… ¡¡porque no se había dado cuenta de que lo que tenía que hacer era trabajar algo en su interior!!
Yo no tengo 50 años, pero he sentido todo eso. Y, afortunadamente, me he dado cuenta, antes de hacer algo que va en contra de mis valores, de trabajar cosas que estaban dentro de mí. Porque además, yo tenía claro que mi ética no me iba a permitir ser feliz si tenía una relación de infidelidad.
Creo que las pelis románticas nos han hecho mucho daño. Las de amor para siempre, las de “y vivieron felices y comieron perdices”. NO, el amor, el AMOR verdadero, no es eso. El Amor es aceptar que el  otro nos va a decepcionar. Aceptar también que YO voy a decepcionar también al otro. El Amor, el verdadero, es aceptar que es un camino diario, con altibajos, con momentos oscuros. El Amor verdadero es estar dispuesto a buscar dar tu mejor versión. Y confiar en que el otro también va a intentar buscar dar su mejor versión. El Amor, el bueno, es seguir en el camino con mi compañero de camino, en momentos malos y en los buenos. Y el Amor, el bueno, es el que cuando superas los malos momentos, sale fortalecido. Sale más grande. Y los dos, mi cónyuge y yo, salimos fortalecidos. No dejes que el romanticismo te engañe. El romanticismo conlleva a forjar espíritus adolescentes, que están a merced de la fragilidad de sus sentimientos. Si estoy bien, estoy contenta. Si no estoy bien, lo dejo, porque me siento mal. NO. El ser humano está llamado a buscar crecer, a madurar, a dar su mejor versión. Aceptando que en el camino habrá sufrimiento. Pero mirando la meta. Mirando el Amor verdadero, el de Verdad.
A mí me iluminó mucho un pensamiento que tuve hace muchos años, en mis primeros años de matrimonio (y llevamos 12 años casados). Yo pensaba que en el amor había que llegar al 100% e inconscientemente pensaba que yo tenía que poner el 50% y Ángel el otro 50%. Pero me di cuenta de que no, que cada uno teníamos que poner el 100%.
Y lo que más me ilumino fue el tener conciencia de que yo hay veces que sólo llego al 60%, y ese día es mi 100%. Y Ángel hay veces que su máximo (su 100%) es dar el 70%. Y yo hay días en que mi máximo es dar el 20%.
Me di cuenta de que lo importante es dar el máximo en cada día. Y siempre, mejorar yo en aquellos puntos que noto que fallo.
Me gustaría conocer tu opinión sobre lo que he contado. Porque no quiero pensar que las pelis han hecho más daño del que han hecho ya.

 

 

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3 Comments
    • Anónimo
    • 24 febrero, 2016
    Responder

    Me resulta familiar . Hay etapas como las que tan bien describes y en estos momentos de turbulencias mejor no tomar decisiones .

    Cuando ya el mar está en calma y si sientes que no hay nada de que hablar , ni ganas de compartir , ni de sentir juntos , què es lo que hacemos juntos ? El proyecto común de los hijos ? la hipoteca compartida ? .

    El camino a elegir es cosa de dos y tan sólo a ellos corresponde el decidir . Siempre desde el cariño y la gratitud . Nada de juicios por parte de nadie .

    Marisa R.

    • Anónimo
    • 24 febrero, 2016
    Responder

    Creo que esto no sucede sólo en el seno de la pareja.

    A veces pienso si es esta cultura nuestra de "usar y tirar" que se ha extendido a más aspectos de nuestra vida. Ese hedonismo constante y llevado al extremo.

    Como bien dices, estas "turbulencias" nos vienen a indicar que algo a nivel profundo no está bien.

    No sólo sucede con la pareja y la posibilidad de que un tercero aparezca, sucede cuando uno cambia de trayectoria laboral pensando que en otra le irá mejor, cambia de amigos porque ahora mis intereses ya no son los suyos, cambia de casa porque seguro en ese otro barrio me atrae más, o hasta de look…pensando que eso le hará sentir mejor. "Ya no sirve, pues uno nuevo".

    Parece haber un latente mensaje de: "debes estar feliz el 100% del tiempo; si no, algo estás haciendo mal. Cambia" Y cambiamos lo externo, que es más sencillo, sin preguntarnos qué nos está intentando mostrar esta "turbulencia interna", qué enseñanza nos viene a traer.

    Hay una foto circulando por internet, que para mí ilustra perfectamente lo que intentaba transmitir. Son dos ancianos, un hombre y una mujer. Y dice: "Un periodista preguntó a la pareja: ¿Cómo se las arreglan para estar juntos 65 años? Y ella contestó: Nacimos en un tiempo en el que si algo se rompía, se arreglaba, no se tiraba a la basura"

    Almudena P.

    • Anónimo
    • 26 febrero, 2016
    Responder

    Para mí el amor verdadero, es ser incondicional.

    Es no tener palabras para explicar porqué se quiere al otro. Hay algo inexplicable, que quizá sea que hemos encontrado a nuestra alma gemela, compañeros de viaje a nivel de identidad.

    Y en ese camino, encontrar valores comunes, entendidos, practicados en el día a día, hacia el otro y hacia uno mismo. Lo que nos puede diferenciar son nuestras creencias para llegar a ellos, uno lo hará de una manera, el otro de la otra, y eso nos puede confundir.

    Además sumado en el tiempo, uno puede llegar muy rápido y el otro ir más lento . Somos personas independientes, recorriendo nuestro propio camino. Encontrarnos (de vez en cuando) en espacio y tiempo para mi es lo importante, saberlo hablar para entender en qué etapa está cada uno, sus motivos. Esto para mí genera respeto, compasión y paciencia hacia el otro y hacia uno mismo.

    Creo que de esta manera, seremos conscientes de qué quisimos, y qué queremos en el presente. Ver si hay algo en común o hemos cambiado tanto por separado que ya no tenemos nada que ver, y es el momento de soltar, pero soltar con respeto y amor, igual otro tipo de amor.

    Nuria C.

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