Ayer mis dos hijos comenzaron el cole. Para Juan Pablo era una situación conocida. ¡Está en tercero de infantil! Aunque este año ha cambiado su señorita, él quería volver a ver a sus compañeros de clase. ¡Iba tan feliz!
Para Alex, en cambio, era todo novedad. Era su primer día de cole. Íbamos todos muy contentos. ¡El primer día de cole siempre es mágico!
Cuando llegamos a su clase, dejamos a Alex con su seño. Lo cierto es que nos preocupamos un poco. ¡En su clase prácticamente todos los niños estaban llorando! Y todos sabemos que cuando un niño ve llorar a varios niños, las lágrimas se contagian con facilidad.
Pero lo cierto es que Alex pasó la mañana contento. La señorita me dijo después que, al principio estaba algo extrañado, que miraba a los demás niños, que se acercaba a ellos sin saber qué hacer (si darle una caricia, o un abrazo), pero que al rato, ya estaba a gusto en clase.
¡Me encanta este niño!
Todos podemos aprender mucho de los niños. Sabes que siempre digo que los niños son (o deberían ser) nuestros principales maestros. Los adultos, cuando comenzamos una nueva etapa, solemos ir con miedo, o con duda, o con inseguridad. Pero no lo mostramos. Nos ponemos una máscara de “aquí no pasa nada”. Y no dejamos que los demás se enteren de nada de lo que nos pasa por dentro.
Los niños, en cambio, suelen ir con alegría. La novedad les encanta a los peques. El ver nuevos amigos es algo grandioso para ellos. Y si no quieren estar, ¡¡lo muestran!!
No digo que nos pongamos a berrear si no estamos a gusto J, pero sí que sería bueno que mostrásemos algo más nuestras emociones, que nos quitáramos esta mascara férrea que nos impide mostrarnos y que a los demás les impide vernos.
Porque, además, en la mayoría de los casos, al cabo de unos días, estaremos contentos en esa nueva etapa. Porque el cambio siempre es bueno. Si lo sabemos gestionar, siempre es bueno.
¡Bienvenida, nueva etapa!
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¡¡¡Uaooo!! ¡Preciosos!
Isabell P.
¡Feliz curso chicos!
Silvia M.
¡¡¡Guapos los tres!!!
Natalia P.