Compasión hasta de las estrellas. Somos lo que aprendemos

Compasión

Compasión. Somos fruto de nuestras experiencias. Estas van conformando nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestra forma de ser, en definitiva

Monitora de adolescentes

Hace unos 15 años yo era monitora de adolescentes. Llevaba grupos de chavales, con la intención de ayudarles en su camino en esa etapa tan difícil y, a la vez, tan preciosa que es la adolescencia. En esa edad se forja la persona. Bueno, realmente creo que la persona se va forjando durante toda la vida. En esa edad uno comienza a descubrir quién es, o al menos a preguntarse sobre quién es.

Chavales de 14 años

Recuerdo en cierta ocasión que estábamos pasando un fin de semana en la naturaleza con chavales de unos 14-15 años. Y me tocó un grupo en el que, rápidamente, comprobé que había una chica de 14 muy pintada, con ropa muy llamativa. Esta chica estaba todo el rato insinuándose a los chicos, con la risa muy floja, pegándose a ellos. Imagino que habrás visto alguna vez a una adolescente desplegando todos sus encantos para atraer a los chicos. Pues así estaba esta chica.

Mi pensamiento

Y yo pensé: “Vaya, ya me ha tocado en el grupo la niña tontita que a lo único que viene es a ligar. Ya verás como me fastidia el grupo“. No comparto el pensamiento orgullosa de mí misma, sino con sinceridad: eso es lo que pensé. En fin, seguimos con el grupo, con las actividades. Y yo seguía por dentro con mi opinión sobre esta chica. ¡¡¡Cómo llamaba la atención!!

Padre muerto o divirtiéndose

Llegó la hora de la comida y la bendita niña se sentó al lado de mí (“¡¡Vaya por Dios!!”). Comenzamos a hablar. Y de repente, me dice: “Hace dos meses que mi padre nos abandonó a mi madre y a mis hermanos. Se fue de casa y, desde entonces, no sé si está tirado en una acera muerto, o si está en Cancún divirtiéndose con una mulata”. Por favor, relee lo que me dijo esta niña, porque… ¡¡¡cuánto dice en tan poca frase!!

Vergüenza

En ese momento sentí una vergüenza infinita. Yo, que iba de monitora, a enseñar a los chavales… había juzgado con tanta dureza el comportamiento de esta niña. Y su actitud, ahora lo veía, simplemente estaba condicionada por esa necesidad de ser amada tan inherente al ser humano. Una persona que es abandonada de esa manera busca, mendiga, suplica, unas migajas de amor.

Ese día aprendí una de las lecciones más importantes de mi vida: “Élida, ante todo no juzgues. Primero acoge a la persona, escúchala, conoce sus circunstancias más profundas. Y después, sólo después, y si no puedes evitarlo, juzga”.

Esa lección se ha convertido en una de las claves de mi marca personal, de cómo soy yo en el mundo. Y lo he convertido en valores troncales para mí: respeto, acogida, sencillez, cuidado, amor.

Consejo

Ahora, cuando tengas la ocasión, te pido un favor: antes de juzgar… mira más allá y, sobre todo, escucha primero a la persona.

Decía Bernanos: “Si conociéramos el por qué de todas las cosas, tendríamos compasión hasta de las estrellas

¿Has juzgado alguna vez y luego te has dado cuenta de tu fallo?, ¿eres más de respetar y amar? ¿te unes al estilo de acoger sin juicio?

 

Compasion_Elida_Coach

Compasion_Elida_Coach

8 Comments
    • Anónimo
    • 21 junio, 2021
    Responder

    !! Como me gusta lo que escribes ELIDA ,!! Bsss

    Teresa C.

    • Anónimo
    • 21 junio, 2021
    Responder

    Me ha gustado mucho tu escrito .Un abrazo y muchas gracias de corazón.

    Loli P. V.

    • Anónimo
    • 21 junio, 2021
    Responder

    Mi hermana mayor tiene la sonrisa en los labios, cuando éramos niñas nos comparaban, yo era muy seria, callada. Obviamente los amigos y familiares de mis padres se sentían más cómodos con mi hermana mayor, halagaban su alegría y a mi me preguntaban por qué no era como ella.

    Mi tía Susana era la única persona que recuerdo, siempre venía hacia mi, me hablaba con mucho cariño. Yo seguía siendo la misma, seria, callada y observadora.

    Mi tía Susi falleció joven de un infarto al corazón.

    Cuántos dolores guardaría ese corazón que no aguantó más, cuantos silencios traía; por eso me quería, porque me entendía.

    Por ella y por mi, no me asustan las personas calladas ni las molestas. Entiendo que ocultan su dolor.

    Fanny C.C.

    • Anónimo
    • 21 junio, 2021
    Responder

    No me gusta juzgar no porque sea más buena que nadie, porque me cansa mucho hacer suposiciones. Cuando juzgas inventas las circunstancias que muchas veces no son reales. Buenos días. Elida

    Mercedes M. S.

  1. Responder

    ¡Gracias, querida Teresa! Que Dios te bendiga.

    Élida

  2. Responder

    ¡¡Me alegro mucho, Loli!! Espero que sirva. Un beso enorme

    Élida

  3. Responder

    Ayssss, querida Fanny, ¡pensé que te había contestado! Lo siento.

    Tienes toda la razón. ¡Cuánto daño hacemos al otro cuando lo comparamos y cuándo lo juzgamos! Aunque yo sigo metiendo la pata a veces, intento no caer en el juicio.

    Ahh! No sé cómo será tu hermana, pero yo me alegro infinito de haberte conocido a ti.

    Élida

  4. Responder

    Mercedes, exactamente. Cuando juzgamos, realmente entramos en el mundo de los “inventos”, nos inventamos las circunstancias. ¡Y la mayoría de las veces nos equivocamos! Por eso es bueno evitarlo.

    Gracias por tu comentario, amiga

    Élida

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