Esta semana he hablado con varias personas que me han solicitado comenzar un proceso de Coaching.
Como ya comenté en otra ocasión (vean el post de Julio 09: “Coaching: descubrir el Potencial que está dentro”) la mayoría de las personas que toman la decisión de iniciar un proceso, tienen la sensación de no estar dando lo mejor de ellas mismas y, a la vez, la duda de si lo conseguirán. Pero pueden más sus ganas de mejorar y su necesidad de vivir la vida que realmente desean, antes que su miedo o sus dudas.
Eso no quita que muchas veces la persona que llama transmita nervios, que le haya costado tomar el teléfono. La voz le tiembla, no sabe bien cómo comenzar (recuerden que para ella yo soy muchas veces una perfecta desconocida), se siente insegura (a veces incomoda reconocer que algo no lo está haciendo bien y que necesita ayuda), …normalmente le ha costado coger el teléfono o escribir el correo electrónico. El estómago está encogido y no lo ve claro 100%.
Personalmente, cada vez que me llama una persona para iniciar un proceso, en ese momento mi admiración para esa persona es inmensa. Aunque no la conozco aún. No la conozco, pero ya se que ha tenido que hacer alarde de fuerza, valentía. Ya se que es luchadora, que no se conforma con medias tintas. Ya se que no se queda con la mediocridad, sino que busca la mejora. En el momento de hablar con ella ya la admiro, ya cuenta con todo mi Respeto.
Es por esta razón que inmediatamente la trato en términos de su Potencial. Me da igual lo que esté haciendo ahora, los resultados que está obteniendo. Yo ya veo todo lo que tiene dentro y todo lo que puede llegar a SER, a VIVIR. La veo en términos de su Potencial y le hablo en esos términos. Aunque no la conozco… pero ya me ha mostrado mucho.
Yo ya veo su Potencial, ….ahora comenzaremos el proceso… para que ella lo vea y lo ponga en acción.
Desde aquí vaya mi pequeño gran homenaje a todos mi coachees. Son grandes. Muy grandes de verdad.
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