El Coaching y su p. madre

Hace unos días he recibido un correo de un coach (al que no conozco y que lo manda a todos sus contactos) que está removido por una serie de cosas que le han pasado con una de las grandes asociaciones de Coaching de España, la ICF-España. En su correo, el coach muestra su desacuerdo con una serie de aspectos sucedidos y manifiesta su desilusión y su malestar con la asociación.

No voy a entrar en detalles, pues no es el objeto de este post. Además, mi forma de ser normal es la de necesitar siempre la versión de las dos partes para poder empezar a hacerme mi propio criterio. Nunca entro en juicio si sólo tengo la opinión de una parte. Es más, creo que normalmente la verdad no está en una parte, sino que normalmente las dos partes suelen tener su parte de razón… y por ese motivo es muy bueno escuchar a un tercero neutral. Vamos, que en mi opinión no es nada sensato entrar en juicio por lo que una parte dice.

Sin embargo, esta situación me ha hecho pensar mucho. Que el Coaching es una profesión grandiosa, cada día lo tengo más claro. Que el Coaching es impresionante, que saca lo mejor de las personas, que trabajamos en términos de potencial y eso es “mágico”, no tengo la menor duda. Que como profesión permite unas enormes satisfacciones, pues no hay nada más grande que caminar con la persona, viendo su crecimiento, viendo su “dar lo mejor de sí mismo”… es un hecho. Los coaches somos testigos privilegiados de la metamorfosis de las personas. Y eso es grandioso. Una profesión grandiosa como pocas (te invito a leer mi post: “¿Coaching Flower-Power?”).

Pero no soy tan ingenua como para creer que, por el hecho de ser una profesión tan grande, eso inmuniza a los profesionales que la ejercen. Soy plenamente consciente de que, en esta profesión grandiosa, hay profesionales grandiosos, otros normalitos, otros mediocres y otros malos.

Recuerdo cómo, hace unos años, un amigo mío estaba descubriendo el Coaching. Y estaba fascinado por todo lo que estaba percibiendo: cómo cambia el ver a la persona desde el potencial, cómo cambia la comunicación, la percepción de las cosas, la actitud, los recursos, etc. Estaba fascinado. Además, estaba viendo en su propia vida cómo eso estaba generando unos cambios potentísimos en él y en su círculo de influencia. Y, en ese momento de fascinación, casi diríamos de “enamoramiento”, resultó que una profesional con la que yo había contado para hacer una colaboración, tuvo unos comportamientos más que lamentables. Su comportamiento no fue nada transparente, su actitud fue negativa y, la verdad, dejó mucho que desear en su manera de abordar las cosas. Y este hecho fue para mi amigo como un jarro de agua fría. Me comentaba decepcionado que no sabía cómo encajar esto. Tanta grandeza del Coaching, tanto ver lo mejor de la persona, tanto pensar en términos de potencial… y te encontrabas con comportamientos así… No sabía cómo encajarlo. Y me decía, con una mezcla de humor y de decepción: “el Coaching y su p. madre”.

Pero es que una cosa no quita la otra. La profesión es grandiosa. Y los profesionales a veces no. Hay de todo.

Porque el quiz de la cuestión está en otro lugar. Como en todas las profesiones, hay profesionales que trabajan desconectados de su centro y de sus valores. Y también hay profesionales que trabajan conectados con sus valores más profundos. Y el “desde dónde” trabaje el profesional es importantísimo. La motivación que tenga genera diferentes actitudes y comportamiento. No es lo mismo, por ejemplo, trabajar desde el “tengo miedo de quedarme sin clientes y no tener ingresos”, a trabajar desde tu misión y lo que tú estás aportando al mundo con tu trabajo. Y eso pasa siempre por un trabajo interior.

Lo importante siempre está en la persona, en lo trabajada que esté la persona, en la forma que tenga de abordar las cosas, en la manera que tenga de frenar su ego y sacar su alma, en lo frecuentemente que revise sus comportamientos y su alineamiento con sus principios, en lo que se cuestione, lo que mejore, etc.

Profesión preciosa, sin duda. Grandes y mediocres profesionales, caminando juntos,… sin duda también.

Pero, créeme: eso se nota. Sin duda.

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    Gracias Elida. Subscribo tus palabras

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