Fases para atravesar el cambio: el Desierto
El artículo que escribí el 2 de Febrero “El Desierto”, ha generado muchos correos de amigos que me preguntaban diversas cosas. Un amigo me preguntaba cómo nos podremos dar cuenta de que estamos en el desierto. Otra amiga me preguntaba si tengo alguna “receta” de cómo conseguir salir del desierto.
Por eso, me he decidido a escribir este post, para profundizar en el Desierto.
Lo primero que es importante saber es que el desierto aparece en cualquier cambio, es decir, cuando salimos de la zona (“incómoda”) de comodidad. Y todo cambio conlleva varias fases, que es inevitable pasar por ellas. Todos los héroes pasan por cada una de ellas.
Las fases son:
– la primera es la Llamada a la aventura. Algo pasa que me cuestiona (una nueva relación, una frustración, un despido, una muerte, una enfermedad,…). Ojo, no tienen que ser cosas grandes. A veces serán cosas grandes (mi ictus fue una de ellas), a veces será una cosa pequeña (por ejemplo, yo ahora mismo estoy sin la señora que me ayuda en la casa desde hace una semana). Pero la primera fase de cualquier cambio es una llamada, algo que me cuestiona, algo que me “invita” a salir de mi zona de comodidad. Y la pregunta que tenemos que hacernos en ese momento es: ¿qué invitación trae a mi vida esta llamada?
– la segunda fase, siempre, es la Negación. Dudamos, los héroes también dudan. No asumimos que esto nos está pasando. Las emociones van más despacio que el cerebro, para protegernos. Aquí solemos coger el papel de Victimas. Pero si queremos pasar a la siguiente fase, necesitamos coger el papel de Protagonistas. ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué podría ver si abro más el marco de mi mirada? Asumir mi propia responsabilidad.
– la tercera fase, el Miedo. Todos tenemos miedo. Nacemos con miedo. La buena noticia es que sólo del 8 al 12% de nuestros miedos se cumplen. Pilar Jérico siempre dice que hay dos tipos de miedo (como Dr. Jekyll and Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson): uno es el miedo sano, que nos lleva a la prudencia (es el que nos hace echar a correr cuando estamos cruzando la calle y de repente viene un coche super rápido) y el miedo tóxico, el que nos paraliza. En esta fase siempre tendremos que intentar que no nos bloquee el miedo. Pensar serenamente.
– la cuarta fase, el desierto. El desierto es la noche oscura de los místicos. A todos nos asusta, pero es necesario pasar por esta fase. Porque el desierto es el que nos quita cosas, es el que nos permite morir, para luego renacer. Es decir, en el desierto, de repente notamos que nos han quitado cosas que antes teníamos. En el caso de mi Coachee se dio cuenta de que el anterior camino tenía muchos árboles, mucha agua (aunque fueran árboles que le impedían ver la luz y el agua fuera estancada. Pero el desierto nos obliga a dejar atrás ciertas cosas, porque nos va a dar otras, más necesarias. La pregunta aquí sería: “¿Qué tengo que aprender yo aquí?”. Si nos hacemos honestamente esa pregunta, nuestro ser nos dará la respuesta. Mi Coachee lo tuvo muy claro: “Darle sentido a mi vida. Estar satisfecho de mi vida”.
La fase del desierto comienza cuando empezamos con la aceptación racional y termina cuando conseguimos la aceptación emocional (no luchamos contra él, sino que buscamos qué nos da).
– La siguiente fase, es la creación de nueva realidad y nuevos hábitos. Para instaurar algo nuevo en nuestro interior, tenemos que desarrollar un hábito. No basta con saber lo nuevo que me ha enseñado el desierto, ahora queda implementarlo en mi interior. ¿Cómo? Con una mezcla de imaginación (imaginamos lo que queremos lograr), con elección (me hago responsable de mis elecciones, voy a por ellas y no permito que nadie, ni nada, me separe de mi elección), sacando a mis valores a darme fuerza y con el aprendizaje, poco a poco, piano, piano.
El fin de la aventura
Y finalmente, llega el fin de la aventura. En el que la persona ya no está en el mismo lugar que antes. Ha crecido, está más arriba. Su zona de comodidad es más amplia. Sus valores brillan más.
Sé que no he dado ninguna “receta mágica”, porque no existe. Es un camino que cada uno de nosotros lo tenemos que recorrer. Solos, aunque nos ayuden otras personas. Sin embargo, tengo clarísimo que cada vez que me he atrevido a pasar por todas las fases del cambio, luego he salido más fortalecida, más grande, mostrando un poco más mi mejor versión.
Y tú, ¿en qué desiertos estás?, cuando has pasado por estas fases del cambio, ¿cómo has salido cuando ha terminado la aventura?
Deja un comentario cancel

Gracias Elida por todo lo que compartes y das !!!
Mar A.
La imagen me suena de algo
Pilar J.
A ti Mar, por tu generosidad en tus palabras.
Besos
Jajaja! ¡Claro que si, Pilar Jericó, como que en el borde de la imagen dice que es tuya! Y éstas fases del cambio las he aprendido de ti.
¡Gracias por todo!
Jejeje…. Y yo aprendo de ti y de tu fuerza para superar los desiertos
Besos,
Pilar J.
De nuevo me ha encantado tu post! Me he visto totalmente reflejada en esas fases y sigo en el desierto. Pero como bien dices y algo que tengo que aprender es "piano, piano"
Gracias de nuevo Élida
Me encanta la cantidad de metáforas de este post. Me lo guardo como complemento de los Módulos. Gracias Elida. Tu alumna Inma.
¡Cuánto me alegro, Sonia, que te haya gustado!
¿Sabes? todo proceso de cambio pasa por esas fases. Todo. A veces dura (las fases del cambio) quince minutos, cuando es un cambio pequeño; a veces dura varios meses, cuando es un cambio grande. Pero siempre pasamos por todas las fases.
Y si, hay que aprender a saber que muchas veces lo vamos a hacer "piano, piano". Pero si le damos la vuelta a la tortilla, eso nos permite disfrutar del camino.
Besos, Élida
Me encanta tu actitud de aprendizaje continua que tienes durante todo el tiempo, Inma.
¡Gracias a ti!