El trabajo y el disfrute

Los seguidores de mi blog (¡¡que son muchos a juzgar por los correos electrónicos que recibo!!) están estos días un poco sorprendidos. Recibo a veces correos de visitantes y amigos que me comentan “me he metido en tu blog y no has escrito nada, ¿te pasa algo?”. Jejeje, me ilusiona ver cómo mis lectores me ponen las pilas y, al mismo tiempo, cómo se preocupan por mi. Gracias.

Estos 12 días han sido de bastante trabajo. Y respecto a eso quiero escribir hoy.

Trabajo, trabajo, trabajo,…. En ciertas temporadas, parece que las cosas las tenemos controladas, mientras que en otras… parece que ellas nos absorben, pueden con nosotros y… nos desconciertan.

Hay temporadas en las que nos sentimos bien: tenemos trabajo, pero nos vamos organizando, de manera que vamos haciendo las cosas en tiempo, dando las prioridades a las cosas adecuadas, gestionando las citas, los proyectos, las presentaciones. Todo bien. Y vamos como fluyendo.

Sin embargo, en otras temporadas (o días), parece que todo se complica. Bien por cosas externas (nos llaman de repente de tres cosas) o por cosas internas (algo te lleva mucho tiempo y energía en su preparación, por lo que no puedes dedicar el mismo tiempo a otras cosas y se van acumulando). Y en esas temporadas (o días), a veces estás como descentrado, como si tuvieras una brecha por la que se te va escapando la energía.

Yo esta semana estoy en uno de estas últimas: muchos proyectos e intentándome centrar para no perder energía.

Y quería compartir una cosa con Ustedes. Antes, hace unos años, me fustigaba: “es que no te organizas bien, es que no te ha cundido, etc” (si, ese maravilloso “perfeccionista gruñón exigente” que todos tenemos dentro). Pero desde hace unos años he aprendido a poner a este personaje en su sitio. Le escucho… un poquito. Sé que a veces tiene algo de razón, aunque no le doy toda. Se que hay veces que uno no puede abarcar a todo, todo de golpe, sino que tiene que ir priorizando.

Y creo que ahí está la clave (aunque no tengo la receta mágica, obviamente): estar atento a esa vocecita y darle la razón en las cosas que veamos que podemos mejorar (quizás no me he sentado a establecer un orden de prioridades de las cosas que quiero hacer, quizás no he marcado tiempos para distribuirme bien, quizás me he entretenido demasiado en hacer algo que en 10 minutos podría haber hecho y resulta que le he dedicado 20, etc.) . Y una vez que he detectado las cosas que puedo mejorar… aplicar la flexibilidad, el respeto hacia mi misma, y el paso a paso. No puedes hacer todo a la vez, … comienza por un paso y márcate el siguiente. Y luego vendrá el siguiente.

¿Y la super-clave? Hacerlo todo desde el DISFRUTE, desde tus valores, disfrutando del camino, porque (y los que hemos hecho el camino de Santiago lo sabemos perfectamente) lo importante del camino es llegar… ¡¡¡pero sin olvidarnos de todo lo que disfrutamos y aprendemos en el camino!!!

¿Tiene Ud. temporadas de los dos tipos que he mencionado? ¿Descubre a su “perfeccionista gruñón exigente” hablándole con más frecuencia de la que le gustaría? ¿Ha aprendido a ponerle en su sitio, diciéndole: “te escucho para ver qué puedo mejorar y luego me permito tener flexibilidad y respeto mi ritmo y me permito ir paso a paso”?

Un deseo: estén en la temporada que estén… busquen el FLUIR desde el disfrutar.

2 Comments
    • Anónimo
    • 17 septiembre, 2009
    Responder

    Como es posible sacarle un disfrute a lo odias?

  1. Lo principal que tenemos que preguntarnos es porque hacemos algo que odiamos.

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