La ratita presumida (I)

Mis lectores lo saben. Soy una persona muy sencilla, no me gusta presumir, ni aparentar, … creo que la honestidad y la sencillez, la transparencia y la humildad, son grandes virtudes, que intento día a día vivir en mi vida y honrar cuando por la noche reviso ese día.

Por eso no me gustan nada esas personas que necesitan estar continuamente “vendiendo” sus bondades: lo super-mega-guays profesionales que son; los super-importantes-clientes que tienen (¿¿existe algún cliente que no sea importante?? ¿o es que la vara de medir la importancia del cliente está en la minuta que le puedas cobrar?? para algunos profesionales parece ser que así es!! yo me niego a pensar eso: la importancia está en la dignidad de la persona: y esa es la misma, sea mi cliente un ama de casa o el Director General de una multinacional); los super-mega-importantes proyectos que tienen en marcha; los super-mega-cursos o conferencias a las que han asistido. No se, no me gustan (quizás es por aquello de “Dime de qué presumes….”)

No, no me gusta presumir. No necesito aparentar.

Sin embargo, estos días estoy muy feliz, y quiero compartirlo con Uds. Porque hace unos días he recibido el feed-back de los alumnos de un curso que impartí en Diciembre en Málaga (por si algún lector lo desconoce, el feed-back es, básicamente, la opinión que le merece al otro lo que tú has hecho, sus comentarios, bien de mejora, bien de felicitación, bien de crítica). Les pedí que me mandasen feed-back pasado al menos un mes. ¿Por qué? porque los coaches somos (o solemos ser) muy buenos comunicadores (trabajamos, entre otras cosas, con la palabra, con la gestión de la emoción). Y entonces, cuando estamos en la formación, lo normal es que los alumnos estén encantados con nosotros. Si paso la encuesta o pido el feed-back al finalizar el curso… la mayoría estarán cautivados por lo vivido… ¡¡y todo sería de 10!!!.

Por eso me gusta saber qué piensan mis alumnos 20 días o un mes después. Pasado el subidón de la emoción, cuando ya estás tranquilo en casa, cuando empiezas a integrar lo aprendido, a experimentarlo en tus sesiones diarias… entonces sí que puedes ver si lo aprendido te ha servido o se ha quedado en, como dice una alumna mía, fuegos artificiales.

Pues bien, hace unos días recibí de la organización el feed-back de los alumnos pasado ese mes. Y reconozco que me siento muy halagada por todo lo que me comentan. En el próximo post les pondré frases concretas.

Ahora sólo quería compartir la emoción.

Y, permitiéndome ser “ratita presumida” por un día, sentirme orgullosa de ser una profesional que realmente aporta a otros, más allá de fuegos fatuos, cumpliendo expectativas, cumpliendo peticiones del director del programa (que es realmente mi cliente, la persona que me contrata), que deja en los alumnos el buen sabor de boca de “hemos disfrutado mucho y, al mismo tiempo, tanto a nivel conceptual como a nivel de integración y mejora interior, hemos aprendido mucho”.


¿Me dejan ser ratita presumida? Será sólo hoy. Lo prometo. Mañana volveré a ser la hormiguita sencilla trabajadora que hace las cosas bien…. porque eso es lo que es realmente importante. Porque esa es su Misión… y su vocación.

Gracias por estar ahí, queridos seguidores.

3 Comments
  1. Responder

    Claro que sí, hay que celebrar los éxitos. Todos tenemos que sacar nuestra ratita presumida sin miedo. Lo contrario es falsa humildad! Saludos y enhorabuena!!

    • Anónimo
    • 6 febrero, 2010
    Responder

    Pues claro que te dejamos!! También debemos reconocer nuestros éxitos ¿no? Un beso guapa
    Rocío

    • Anónimo
    • 9 febrero, 2010
    Responder

    Que los demás te digan lo bien que haces tu trabajo, es muy gratificante, pero lo es más aún cuando es un mismo quien se lo dice.

    Y si lo hacemos bien, porque no vamos a reconocerlo nosotros mismos? me parece muy bien que de vez en cuando seamos ratitas presumidas, pues a fin de cuentas somos nosotros el motor principal de nuestros proyectos.

    Un beso Elida.
    Pablo R.

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