Los seguidores de mi blog (que son muchos, en vista de los correos que recibo), saben que creo a pies juntillas en la grandeza humana. No hay nada más grande, más poderoso e invencible que una persona que se está atreviendo a ser ella misma, que está conectando con lo más profundo de su SER (allá donde nos conectamos con la divinidad, allá donde se cumple ese “imagen de Dios” que dice la tradición cristiana), aquella que se alinea de veras con sus valores más profundos y los pone en marcha. No hay nada más grande.
Bien, pues ayer fue un día que marcaré de modo especial en mi calendario particular de hitos. Y miren que pensaba hablarles del Camino de Santiago, que es especial para mi… pero lo dejo para otro momento. Ayer, Domingo 26 de Julio de 2009, sucedió algo mucho más importante.
Alberto Contador ganó su segundo Tour de Francia.
Upppss!! ¿Detecto decepción en mis amables lectores? ¿Pensaban que les iba a hablar de un hito mayor, de una grandeza humana mayor,…? Intentaré hacerles ver por qué considero que el podio de ayer de Contador es una preciosa muestra de la grandeza humana.
Mentiría si les dijera que he seguido el Tour, no, no lo he hecho. De hecho, me enteré ayer de que acababa. Pero viendo los telediarios, me enteré de todo lo que ha ocurrido en esta edición de la vuelta gala.
Y en las entrevistas que le hicieron los periodistas, avidos de un titular, vi a un Contador feliz por su victoria, pletorico en su sencillez. Y discreto, aunque sincero. Y así pude oir a Contador decir que: “la etapa más dura fue la que se disputó fuera de las carreteras”. ¿Qué querría decir?
Resulta que este año Contador estaba en un equipo, el Astana, creo recordar, en el que también estaba Lance Armstrong, un ciclista de los que han hecho historia. Bien, segun parece, al comienzo de la carrera gala dentro del equipo no quedó claro quién era el lider. Armstrong reclamaba para sí el liderazgo. Contador para él. Y los jefes de equipo no lo tenían claro. Y comenzó la guerra interna, las presiones, las “zancadillas” en la propia vuelta, en la que se cerraba a Contador para que Armstrong ganara. Imaginense la enorme presión psicológica que tuvo que vivir Contador.
Y me encantó escuchar ayer a Contador decir: “yo me propuse dar lo mejor de mi y …que la carretera pusiera a cada uno en su lugar”.
Y ahí es donde he encontrado la grandeza humana. Porque, no nos engañemos, esta situación es muy frecuente en la vida: en la empresa, en los trabajos, en los grupos de amigos… Muchas veces aparecen las criticas de otros, las zancadillas, la guerra psicológica de alguien que nos quiere quitar el puesto. ¿Les suena la situación? Muchas personas reaccionan culpando al otro, o a la situación, o a los jefes “que no se enteran de nada” o que “se ponen al lado del que les hace la pelota”…. Se ponen en la CULPA. Y no hay nada peor, porque, en Inteligencia Emocional lo aprendí muy bien, el que se pone en la culpa deja de HACER. Y deja de revisar sus VALORES y deja de vivirlos en acciones concretas. La culpa paraliza. Siempre.
Así, el esquema es: CULPA- NO VALORES- NO HACER.
Sin embargo, Contador ha mostrado al mundo lo que puede conseguir un ser humano que decide no asentarse en la culpa (propia o de otro) y decide mirar cuáles son sus valores, lo que él de verdad tiene en su interior… y los pone en marcha. No hay nada más grande.
Les invito a llevarlo a situaciones concretas de su vida. Miren en qué momentos se están dejando llevar por el Culpar y miren, en esos momentos, qué valores suyos pueden poner en acción, a veces contracorriente, a veces superando la presión psicológica, que sin duda es la más dura. Y miren cómo pueden ir a la ACCIÓN para contrarestar esa situación.
Porque, no me cabe ninguna duda, al igual que ayer en los campos Eliseos, la carretera siempre sentencia. Y lo hace siempre para rendirse ante la grandeza humana.
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