Ayer tuve una sesión con una clienta. Quiere hacer un cambio en su carrera profesional. Ella es buena en su trabajo, es ingeniera informática, y en su empresa cada vez la valoran más, e incluso le llegan ofertas de otras empresas para que se vaya con ellas. El problema es que mi cliente nota que otro tema (totalmente distinto de la informática) cada vez le apasiona más. Es el trabajar para ONGs que desarrollan actividades dirigidas a proporcionar servicios de salud, en los países del tercer mundo. Lleva mucho tiempo con esa idea en su cabeza, más de cinco años, pero hace unos meses se dijo que no podía tenerla en la cabeza todos los días y no intentarlo por lo menos.
Es obvio que el tema económico, de estabilidad, de estatus, está sobrevolando por encima. Al igual que el tema de la inseguridad. En su trabajo es muy buena, en el futuro trabajo tendría que aprender muchas cosas. Todo eso está ahí. Pero por encima de todo está el pensamiento “quiero haberlo intentado por lo menos”. Así que me llamó y estamos haciendo, desde hace tres meses un proceso de Coaching vía Skype.
Desde el principio a tomado conciencia de muchas cosas que le han puesto en movimiento. Y tras las sesiones ha salido siempre con planes de acción muy poderosos.
En la última gran sesión (la sesión que ocurre entre nuestra sesión y la siguiente), me escribió un correo diciéndome que se había tenido que tomar una baja de toda una semana por una contractura bastante fuerte en la zona de las cervicales. También me dijo, más adelante, que había leído algunos artículos que relacionaban el dolor del cuello y las cervicales con la parte emocional y con el exceso de responsabilidad que a veces nos cargamos sobre nosotros mismos, sobre nuestros hombros. Y se había dado cuenta que, el plan de acción que se había puesto en la anterior sesión, bloquear diariamente 90 minutos para sus proyectos personales, se lo había tomado demasiado en serio los primeros días lo. Me decía: “Creo que me obcequé un poco y trabajé al principio más de lo necesario en ello, tensándome más. Parecía como si quisiera cambiar las cosas de la noche a la mañana. Aprendizaje: todo toma su tiempo”
Eso me hizo pensar una cosa que quiero compartir contigo. Tú sabes que pienso y defiendo que todos tenemos dentro un Ferrari. Creemos que tenemos un Seat Panda de los antiguos, y vivimos pensando que ya sólo nos sirve para viajes cortos. Y nos olvidamos que tenemos un Ferrari, aparcado, deseando que sus motores ronroneen y pueda desplazarse a cualquier lugar al que queramos ir. Todos tenemos un Ferrari dentro, una potencia inmensa en nuestro interior… y no lo vemos… o no nos atrevemos a verlo.
Sin embargo, un Ferrari, como cualquier otro vehículo, tiene un momento de los más críticos cuando lo arrancamos y lo ponemos en marcha. Es una máquina que pesa muchísimos kilos, una maquina que está parada y que, en el caso de algunos coches, puede alcanzar los 100 km en segundos. Ponerlo en marcha. Para ello, el coche tiene una marcha, la primera. Al poner la primera marcha sabemos que estamos pidiendo al coche que ponga TODA su potencia en marcha, todo su motor en movimiento para conseguir el “milagro”: que una maquina potentísima se ponga en movimiento y comience a desplazarse. Con la primera marcha no le pedimos la máxima velocidad. Le pedimos que saque su potencia. Y ahí está su grandeza. Luego, cuando hayamos conseguido ponerlo en marcha y moverlo un poco, comenzaremos a meter marchas, a darle velocidad y el coche llegará a ir a 120 km/h (velocidad legal) o más. Pero, ¿a quién se le ocurriría arrancar un coche en Quinta? El coche no tendría potencia ninguna… esa marcha sirve para velocidad, pero cuando el coche ya está en marcha.
Por eso, me encanta ver a muchas personas, mis clientes, que empiezan a creer que tienen un vehículo que les puede llevar más lejos de lo que hasta ahora están conformándose. Conozco muchas personas que están empezando a creer en su potencial y a decidir diseñar su propia vida, a dónde quieren ir. ¡Eso es muy grande! Sin embargo, algunas de estas personas quieren poner en marcha su vehículo metiendo directamente la Quinta marcha. Es decir, les gustaría sacar el Ferrari del garaje en el que ha dormido durante años, directamente a la máxima velocidad. Y se olvidan que todo coche necesita comenzar con la primera marcha: máxima potencia, menor velocidad. Y que una vez que sus motores ya se han puesto en marcha, una vez que ha adquirido la potencia… entonces sí que le podremos ir pidiendo velocidad, subiendo marchas. Y nuestra máquina funcionará al 100% de sus posibilidades… de su potencial.
Por eso me parece tan importante el aprendizaje que tuvo mi cliente entre sesión y sesión: “todo toma su tiempo”. Poco a poco, lo importante es poner el motor en marcha. Más adelante ya podrás poner velocidad. Ahora toca meter primera.
Veo cada día en mis clientes como su potencial va aflorando, de una manera exponencial. Y veo también que disfrutan más del camino aquellos que son buenos conductores. Aquellos que saben que primero se mete la Primera marcha… y el coche empieza a responder.
Te invito a que observes las expectativas y las opciones que pones en marcha cuando quieres conseguir un objetivo. Las metas son maravillosas… y el meter primera también.
¿Te atreves a disfrutar de tu Ferrari?
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Yo siempre digo que la "modestia" está sobrevalorada… con esto no quiero decir que haya que creerse mejor que nadie, respecto a los otros sí veo importante o no compararse o si lo haces hacerlo con humildad, pero respecto a uno mismo me da la impresión de que socialmente es "políticamente correcto" creerse "un Seat Panda", hablar mal de uno mismo, destacando los defectos… mientras que si haces ver que crees en tu potencial enseguida eres un "engreído"… Y creo que es muy difícil "decirle al cerebro" que "no valgo mucho, soy un Seat Panda", y luego de repente pedirle al cerebro que sea crea un Ferrari ante un examen o una prueba… No sé si me explico, pero creo que es importante "adiestrar a nuestro cerebro", a tener un buen diálogo interno, a descubrir nuestro potencial (y no sólo nuestros defectos, que insisto, parece que eso está "mejor visto") y el Coaching puede ayudar muchísimo a eso.
Me voy del tema un poco, pero es una maravilla que pase el tiempo y seguir tomando conciencia de aprendizajes en los que el curso me ha ayudado… últimamente me he dado cuenta de que el curso me ha ayudado a ser muchísimo más respetuoso con las opiniones de los demás, y liberarme de ese "juicio rápido" y esas "sentencias" a las que estamos tan acostumbrados cuando hablamos con alguien. Me apetecía compartir este aprendizaje contigo, Élida y con los compañeros que haya por aquí en el blog.
Un abrazo,
Jorge C.
¡Qué bueno tu comentario, Jorge! ¡Y qué atinado!
Es totalmente cierto eso que dices que es muy difícil decir continuamente al cerebro "no valgo mucho, soy un Seat Panda" (porque está mejor visto socialmente) 😀 y luego pretender que, ante un examen o un momento de prueba, se crea que es un Ferrari. Totalmente difícil, por no decir imposible.
Al final, como tú muy bien dices, tenemos que "adiestrar" a nuestro cerebro. Crear el hábito de tener un buen diálogo interno y de descubrir nuestro potencial.
¡Me encanta que, un año después, sigas sacando aprendizajes del curso! ¡¡¡Gracias por compartirlo!
Besos