Hoy quiero volver a hablar del tema de los Valores. Tema del que soy especialista y que cada día me hace más feliz, al ayudar a mis clientes a alinear sus valores.
Como Uds. saben, considero (y lo compruebo diariamente con mis clientes) que los valores son la brújula interior que todos tenemos y que nos va indicando el Norte de la Felicidad, de tal manera que si vivo honrando a mis valores, soy feliz (la brújula me indica que voy por buen camino) y si alguno de mis valores no lo vivo, soy infeliz, por mucho dinero, éxito externo, admiración, etc. que tenga (la brújula interna me indica que no voy por el camino que deseo).
Cuando imparto talleres o formación relacionada con este tema, muchas personas me preguntan cómo se pueden vivir valores grandes en el día a día. Pareciera como si algunas personas están esperando la gran oportunidad para vivir su valor, esa hazaña que les permita, cual si fueran héroes, vivir un valor importante para ellos. Y así, están esperando ese gran momento, que surgirá algún día, en el que de verdad pueda vivir la coherencia, o la libertad, o la entrega, o la abnegación. Y se les van pasando los días, esperando esa gran oportunidad. Y esos valores son como esa prenda interior preciosa que tenemos esperando en un cajón a que llegue un momento importante para estrenarla; o esa vajilla elegante que aguarda en una vitrina para “las ocasiones especiales” y que prácticamente nunca usamos. ¿Alguno de sus valores es así?
Mi pensamiento es diferente. Las grandes cosas se demuestran en lo pequeño, en el día a día. Si estoy esperando el “gran día”, puedo caer en la tentación de no vivir lo cotidiano, lo “pequeño”, lo ordinario. Y sin embargo, es en esos momentos en los que yo pongo todo mi ser, o al menos puedo ponerlo. Mi propuesta es sencilla (pero no por ello poco importante): en lugar de esperar a grandes cosas para ser responsable, ¿qué tal si soy responsable en lo poquito de hoy? En lugar de esperar a grandes acontecimientos en mi familia, para dar mi entrega, ¿qué tal si me entrego en lo pequeño, hoy? En lugar de esperar a dar lo mejor de mi en el trabajo cuando venga un tema importantísimo, ¿qué tal si doy lo mejor de mi hoy mismo, en ese pequeño informe que debo presentar, o ese cliente al que debo tratar.
Hoy, hoy. Si espero… no estreno el alma. Y mi alma puede quedarse guardada en un cajón, dobladita, incluso con antipolilla… pero sin disfrutarla.
Y para muestra quiero compartirles algo que me pasó ayer. Fuí con mi marido y mi hijo a un gran centro comercial. Y compramos dos cosas, una mesa que venía embalada de forma voluminosa y unos vaqueros. Cuando pasamos por caja, la cajera nos cobró y nos fuimos. Al poco rato me di cuenta de que había cobrado la mesa, pero no los vaqueros. Volvimos y se lo dijimos a la cajera. Ella dijo que había visto la prenda en el carro, pero que pensó que era una chaqueta de mi marido. Y estaba sorprendida de que hubieramos vuelto a que nos lo cobrase.
¿Saben? Lo de menos es cuánto costaban los vaqueros. Lo de más es que esa noche ambos dormimos con la tranquilidad que da el haber hecho lo que considerabas correcto. Si mi valor es la honestidad, ¿cómo creen que hubiera dormido si no lo digo a la cajera? Si, tendría 15,90€ más, pero… ¿cómo habría sido mi sueño? Y creanme, mi sueño vale mucho más.
¿Cuánto vale su sueño? ¿qué valor puede vivir HOY en algo pequeño o cotidiano?
Deja un comentario cancel