Valores en acción

Los niños son mis principales maestros. El alma de un niño guarda, como en una caja de oro toda la grandeza del ser humano. Estoy totalmente de acuerdo con María Montessory con que la infancia no es una etapa inferior, una etapa secundaria en la llegada a la meta de ser adulto. No. La infancia es ser hombre, igual que ser adulto es ser hombre y la ancianidad es ser hombre. Es más, en mi opinión, la infancia muestra muchas cosas grandes del ser humano, cosas que luego, cuando vamos creciendo se nos olvidan.

Ayer mi hijo Juan Pablo me dio una enorme lección. Lleva unas semanas enganchado a los cromos de Pokemon. Es la primera vez que tiene cromos y está sorprendido. A mí me sirve para trabajar con él la negociación (¡la de cosas que aprendes cuando negocias cromos!), el orden (en el álbum), el cuenteo y el ver los que están repetidos, la memoria (es asombroso cómo recuerda de un taco enorme dónde está cierto cromo).

Ayer por la tarde, al salir del cole me dijo emocionado: “¡He conseguido otro Turbo!”. Los turbos, me explicó, son los mejores, los que más fuerza tienen y hay muy pocos. En mi clase hay un niño que tiene dos y nadie más, me dijo, ¡y yo he conseguido tener dos!. Le felicité. Iba con sus dos turbos en la mano embelesado. Esa tarde teníamos piscina. En su grupo de natación hay otro niño del cole, Javi. Tiene su misma edad, 6 años, y va a otra clase. Al terminar la clase, después de la ducha, mientras se vestían, Javi le comentó: “¡Qué chulo! Yo no tengo ningún turbo”. Y Juan Pablo, entonces, le dijo: “Te doy uno yo”. Yo estaba en otra cosa, vistiéndole. Cuando oí (como a lo lejos) esa frase, le pregunté: “¿qué has dicho, Juan Pablo?”. Y mi contestó: “Que le doy uno de mis Turbo”. Yo, como estoy trabajando la negociación (que él tiene que cambiar lo que él quiera, no se tiene que sentir obligado a cambiar un cromo que no quiere cambiar) le pregunté: “¿De verdad quieres dárselo?”, a lo que él contestó afirmativamente. Yo le felicité.

En el coche, camino de vuelta a casa, me dijo: “Mamá, le he dado a Javi el cromo, porque yo quiero ser generoso. Y he pensado que Javi se iba a poner muy feliz si yo le regalase uno. Así que he sido generoso”. ¡Impresionante! Yo le dije: “Juan Pablo, cariño, has conseguido hoy una cosa que muchos mayores intentamos y no siempre conseguimos. Has conseguido vivir tus valores. Te felicito, mi amor”. Su sonrisa iba de una oreja a otra.

Aprendí que nada tiene que estar por encima de mis valores. Ni siquiera el mejor cromo del mundo. Aprendí, reforcé, que nada puede ser superior a ver a la persona, a mi compañero de natación (a mi marido, a mi jefe, a mi empleado, al tendero). Nada, nada es superior a la persona. Juan Pablo ayer me dio una enorme lección. ¡Benditos sean los niños, que me muestran la grandeza del ser Humano!

Juan Pablo podría haberse quedado con el cromo. Era suyo y tenía todo el derecho del mundo. Pero decidió no quedarse con toda su cosecha, sino que la compartió. Aprendí que yo tengo en mis manos cosas (habilidades, sonrisas, valores, comportamientos, etc.) y puedo decidir cerrar mi mano y quedármelas solo para mí… o abrir mis manos y compartir con otros.

Los valores sólo son de verdad si los ponemos en acción. Si no, son placas de mármol preciosas que presiden nuestras empresas o nuestro corazón, pero a los que nadie hace mucho caso.

Con mis clientes trabajo muy a menudo los valores. Son nuestra fuerza motor. Son los que nos permiten hacer frente al miedo y vencerlo. Son los que nos permiten dormir tranquilos por la noche.

¿Qué aprendes tú de esta historia?

 

 

¡Si consideras que puede servirle a alguien, compártelo!

 

 
3 Comments
    • Anónimo
    • 11 noviembre, 2016
    Responder

    VIVIR los valores .
    Generosidad , qué gran ejemplo de un niño de 6 años, gracias Juan Pablo.

    Gracias por compartirlo Élida.

    Carme N.

    • Anónimo
    • 12 noviembre, 2016
    Responder

    Seguro que tú a Juan Pablo no le haces sesiones de mamá -coach? es un coachee aventajado!

    En serio, aparte de su generosidad, qué inteligencia la suya!

    Saber captar la "necesidad" de su amigo, saber cómo podía hacerlo feliz, saber que él quiere ser generoso y que en ese momento podía ponerlo en práctica, que tras su "pérdida" estaba su oportunidad…menudo Campeón!!

    Dale un beso gordo de felicitación de mi parte

    Almudena P.B.

  1. Responder

    Jajaja, Almudena, te prometo que no le hago sesiones de coaching a Juan Pablo… lo que pasa es que mi vocación sale por todos lados.

    Juan Pablo es una persona muy observadora, ademas de muy generoso, y también, como tú muy bien dices, es muy inteligente. Por eso se dio cuenta de que a su amigo le encantaría tener un cromo.
    Por eso cuando después lo pensó, se dio cuenta de su “ganancia interna”.

    Un beso, preciosa

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