A veces, saber el funcionamiento de algo, nos ayuda a entender muchas cosas. Nos ayuda a desmontar ideas raras que nos hemos montado en la cabeza y, ya desde el conocimiento, a poner en orden muchas cosas.
Me explico. Estoy terminando de ultimar la conferencia que mañana impartiré en la Universidad Politécnica de Madrid, a alumnos de forestales: “Herramientas para afrontar con éxito los retos“. Y como ya les adelanté (ver post: “El trabajo… con humor”), la conferencia versará sobre la importancia de trabajar la actitud, la gestión de las emociones, etc. Es decir, lo que se ha dado en llamar habilidades “soft”. Y mañana les hablaré de la evolución de nuestro cerebro. O debería decir: nuestros cerebros, puesto que les mostraré cómo conviven en nosotros tres cerebros diferentes, cada uno con una misión, cada uno aparecido en un momento de la evolución diferente. Y pretendo ayudarles a entender que cada cerebro es importante, que no hay uno que sea malo y me complique la existencia, sino que todos tienen su función. Y que lo que debemos aprender es a gestionarlos bien, para que cada uno cumpla su papel, sin extralimitarse en sus funciones.
El primero que apareció en la evolución es el cerebro Reptil. Este cerebro se encarga de los instintos básicos de la supervivencia (el deseo sexual, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas tipo ‘pelea-o-huye’). Está continuamente en alerta, y es el que nos permite reaccionar rápidamente ante algo que puede resultar una amenaza (un coche que se acerca y nos va a pillar) o que él detecta como una amenaza (un jefe que no nos cae bien)
A continuación, en la evolución, apareció (rodeando al anterior), el cerebro Límbico, también llamado Cerebro Emocional. Aquí están los centros de la afectividad y es el que nos permite sentir y experimentar las emociones (tanto las positivas: alegría, gozar de la naturaleza, etc., como las negativas: temor, ansiedad, etc.). En este cerebro está también la Memoria, que nos permite acumular información de las experiencias.
Y finalmente, no hace más de 1 millón de años, apareció el cerebro Neocortical: los dos hemisferios cerebrales, que controla las funciones del pensamiento y el lenguaje y básicamente lo que nos permiten es sacar conclusiones y luego actuar sobre ellas, mediante la toma de decisiones. Es el cerebro racional.
Bien, estos tres cerebros coexisten en nosotros. Uno de los autores que más ha investigado sobre la Inteligencia Emocional, Daniel Goleman, habla del Secuestro Emocional: en determinados momentos en los que nos sentimos amenazados por algo (sea real o imaginado), la amigdala (parte del cerebro límbico) activa una ruta neuronal que va directamente a la alerta, dejando “desactivado” el cerebro Neocortical durante un rato. Vamos, en palabras sencillas: cuando percibimos que algo nos amenaza, se disparan nuestras alertas, nuestros cerebros prehistóricos toman el poder e impiden que el cerebro racional sopese la situación, vea si de verdad es una amenaza o no y tome decisiones sobre qué hacer.
Si la amenaza percibida es un coche que viene a gran velocidad hacia nosotros, está muy bien que no sea necesario pararse a reflexionar si es una amenaza real o no, si es más sensato que corramos o que nos quedemos parados, si es mejor correr hacia la derecha o hacia la izquiera. No, en esos momentos, nuestros cerebros más antiguos nos salvan.
Sin embargo, si la amenaza percibida es una persona que nos ha mirado mal y que parece que no le caemos bien… entonces saltan nuestras alarmas y nos ponemos a la defensiva o atacamos… En esos casos, es sumamente necesario aprender a gestionar esas emociones, aprender a dejar que el NeoCortex tome de nuevo el mando sobre los otros. Y que sopese si de verdad esa persona tiene malas intenciones y qué es lo más sensato y adecuado para mi. Porque quizás ese miedo que yo siento hacia mi jefe no sólo no me está ayudando a dar lo mejor de mi, sino que me está perjudicando. Ayudar al Neocortex a retomar el poder en esas circunstancias, me ayudará a relajarme, tranquilizarme y poder decir o hacer cosas que me beneficien, demostrar todo lo que soy capaz.
Al comienzo de este post comenzaba diciendo que a veces, saber el funcionamiento de algo, nos ayuda a entender muchas cosas y ponerlas en orden. Entender que en nosotros tenemos tres cerebros, que cada uno de ellos cumple una misión, importantísima. Entender que en ciertas ocasiones, ante una amenaza vamos a reaccionar de una determinada manera… y que podemos aprender a controlarla si es una manera que no nos beneficia… Entender todo esto nos ayuda a no tratarnos mal cuando nuestro cerebro nos ha gastado una “mala pasada” (quedarnos en blanco en una ponencia, por ejemplo). Por que en ese caso nuestro cerebro reptil había detectado una enorme amenaza y se había puesto en tensión. Eso significa que tenemos un cerebro reptil que funciona muy bien, felicitémonos por ello… y después, ayudarle, con el Neocortex, a que se de cuenta de que la amenaza no era tal, tranquilizarle y retomar el poder: respirar, y empezar a hablar, desde el neocortex, tomando las decisiones desde la razón, sin que hable el “secuestro emocional”.
Como en el Coaching, que básicamente consiste en entrenamiento para mejorar el desempeño, estas habilidades se pueden entrenar. Podemos aprender a “manejar” nuestros cerebros. Quizás no podremos evitar que salten las alarmas, pero si que podemos aprender a controlarlas y gestionarlas.
Cultiven las habilidades de Inteligencia Emocional… su vida mejorará, sin duda.
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Hola,
Estuve en la conferencia del otro día en la EUIT Forestal, y aunque había leído algo en otros blogs sobre coaching me resultó más interesante de lo que en un principio pensaba, tanto para aportarlo en mi vida personal como herramienta(?) profesional.
Espero poder seguir aprendiendo al respecto. gracias!
Saludos
Me parece genial lo que compartes en tu comentario, y me alegra que mi conferencia te ayudase a ver las bondades del Coaching para aplicarlas en tu vida personal y profesional.
Te animo, como tú dices, a seguir aprendiendo al respecto. En mi encontraras siempre disposición a ayudarte en lo que necesites.
Gracias por participar, Olalla!! Espero tus comentarios en más ocasiones 🙂
Un clara explicacion de la division cerebral
Gracias Gustavo,
me alegra que te haya resultado clara y, espero, interesante!!
La emotividad siempre ha tenido el poder de subyugar a la razón.Los dictados de la razón jamás son seguidos.
Hola Anónimo!!
¿Sabes? los "siempre" y los "jamás" resultan muy limitantes. Nos indican cosas inamovibles. Sin embargo, cualquier persona que ha trabajado aspectos de este tipo, bien individualmente o bien en un proceso de Coaching, puede confirmar (y así está demostrado en diversos estudios cientificos) que en muchas ocasiones, la persona puede sopesar los motivos de su Emotividad y logra gestionarlos de manera que sigue los dictados de la Razón.
Para ello son necesarias varias cosas: estar en un estado de Conciencia que le permita el Auto-conocimiento (estoy atento a lo que me pasa, detecto síntomas cada vez en momentos más tempranos y puedo reconocer las cosas conforme van pasando), para después de ese auto-conocimiento, poner acciones encaminadas a ir "modelando" mis maneras de detectar las cosas. Es decir, con entrenamiento (basado en acciones concretas), puedo lograr que lo que antes era percibido inmediatamente como un problema grande o una amenaza, ahora lo perciba como algo mucho más leve o incluso ausente de amenaza.
Créeme, afortunadamente incluso nuestros miedos, nuestras amenazas, nuestras emociones más viscerales, pueden ser trabajadas y reorientadas. Afortunadamente, en estas cosas, los "siempre" y los "jamás" no triunfan, y lo que hoy parece que es fijo… mañana he aprendido a gestionarlo y ya no me afecta igual.
¡¡Gracias por tu aportación, espero verte por aquí de nuevo pronto!!
Élida
Muy buen artículo Elida, en cuanto a tu último comentario estoy totalmente deacuerdo.
Enhorabuena por tu blog , me parece que tiene un contenido excelente.